
   Aprender a confiar

Penny Jordan (Es)



      Christa Bellingham quizs diera la impresin de ser demasiado directa e independiente, pero haba aprendido por las malas que no se deba confiar en los hombres,
especialmente en aquellos como Daniel Geshard, cuyo encanto y labia los haca muy peligrosos.
l pensaba que el cinismo de Christa era un disfraz, y que podra ensearle a confiar en los dems.
      Daniel pareca muy sincero, pero no tena mucho que ganar econmicamente si llegaba a convencerla?
      Christa no tena la ms mnima intencin de dejarse engatusar...


      Captulo 1
      CHRISTA Bellingham corri desde el aparcamiento hasta la entrada del hotel, disgustada por el repentino cambio del tiempo, por lo que no llevaba gabardina
ni paraguas para protegerse del fuerte chaparrn.
      Delante de ella, un taxi estaba dejando a dos hombres bajo la proteccin del toldo. Christa inclin la cabeza bajo la lluvia, lamentndose por la tonta vanidad
que le haba hecho decidirse a llevar su valioso conjunto de Arman. Slo iba al hotel a dejar unas muestras de telas y precios para John Richards, el director,
de camino a la Cmara de Comercio, donde se dara ms tarde una conferencia sobre un tema por el que senta un inters grande y hostil.
      Ella haba protestado desde el principio en contra del orador, pero Howard Findley, el nuevo jefe de la cmara, insisti en que era hora de que se despojaran
de su anticuada imagen y se abrieran a las nuevas teoras y proyectos.
      -Y tambin podramos darle un cheque en blanco a todos los charlatanes que quieran venir a ensear su mercanca y que encima se les pague por ello -protest
Christa.
      -Daniel Geshard no nos va a cobrar nada -le dijo John suavemente.
      Pero Christa se neg a calmarse. No importaba lo mucho que John estuviera impresionado por ese hombre. Christa saba exactamente qu tipo de persona era y
lo que pretenda. El engao era tpico en los hombres como l, y no les importaba cunto dolor ni sufrimiento causaran para lograr sus objetivos. Christa lo saba
bien... demasiado bien.
      Daniel Geshard iba a hablarles con un nico propsito; para poder venderse a s mismo y a sus falsas teoras a cualquiera lo suficiente crdulo para comprarlas.
      Christa cerr brevemente los ojos, desesperada. Howard Findley era un buen hombre, sincero y de buen corazn, pero no era rival para los Daniel Geshard del
mundo, y simplemente tras haber hablado por telfono con el, Howard estaba entusiasmado sobre convencer al Ayuntamiento para que financiara uno de los cursos milagrosos
de Daniel Geshard para empleados y funcionarios.
      -Tiene una idea estupenda sobre poder llegar incluso a los miembros ms disconformes de nuestra sociedad y ayudarles a ponerse en contacto con ellos mismos,
con sus verdaderos sentimientos y motivaciones -declar emocionado.
      Pero Christa prefera los hechos y realidades de la vida a las palabras y teoras fantsticas.
      -Eh!
      El grito y el golpe que se dio con el hombre la sac de sus pensamientos. La disculpa automtica y rpida que fue a darle muri en sus labios, y se encontr
mirando atontada a un par de ojos grises, de espesas pestaas y llenos de calor y algo mucho ms... mucho ms personal.
      S. Haba algo ms que simple buen humor en el modo en que l la estudiaba, igual que haba ms que un simple atractivo masculino en su rostro. Christa se
encontr con dificultades para respirar mientras se le aceleraba el corazn.
      Era muy atractivo. Christa estaba medio hipnotizada, y se haba olvidado completamente de la lluvia mientras miraba al hombre de pie frente a ella. Era alto
y fuerte, con un cuerpo atltico, de pelo oscuro y piel que ola a aire fresco y lluvia, en lugarr de a algn aftershave fuerte y empalagoso.
      Con ojo experto, Christa reconoci que su traje oscuro era moderno, con un tejido buensimo y realizado en ese pas, lo que significaba que el Rlex algo viejo
que llevaba se habra puesto as del uso constante en lugar de haberlo comprado de segunda mano como accesorio de nivel social.
      No era un hombre que necesitara acentuar su masculinidad con ningn smbolo de nivel social. Era un hombre que habra estado igual de impresionante con unos
vaqueros viejos.
      Durante un segundo, Christa sonri de placer. Y al hacerlo, la expresin en los ojos grises se profundiz ligeramente, intensificndose, como si l notara
esa atraccin fsica... y la compartiera.
      Esa fuerte atraccin era tan nueva para Christa, que la pill desprevenida. Se senta como si de algn modo hubiera entrado en un mundo mgico y especial.
      -Vamos, Daniel -dijo el hombre que le acompaaba desde la puerta del hotel-, vamos a inscribirnos y luego ir a dar una vuelta por la ciudad a ver si puedo
encontrar dos mujeres bonitas para divertirnos despus de que hayas dado tu conferencia. Lo necesitars, y adems, yo necesito una copa...
      -En seguida estoy contigo, Da.
      Daniel... Christa sinti que le caa encima una jarra de agua fra mientras miraba al hombre frente a ella con incredulidad.
      -Ocurre algo? -pregunt l preocupado, dando un paso hacia ella y estrechando la distancia.
      Daniel...
      -Daniel Geshard? -le pregunt con las manos apretadas en puos.
      El frunci el ceo, confundido.
      -Pues s, pero...
      Christa no esper a or ms. Se puso roja de furia y humillacin y se apart al instante, ignorando la mano que l extendi para detenerla.
      -Es as como normalmente ve usted sus reuniones de negocios, seor Geshard? -le pregunto con desprecio-. Como un aburrido preliminar a la autntica diversin?
Mejor ser que se marche. Parece que su amigo se est impacientando.
      Antes de que l pudiera decirle algo, ella gir y se march. John tendra que esperar a sus muestras. Si segua a Daniel Geshard dentro del hotel, no estaba
segura de controlarse y no decirle exactamente lo que pensaba de l y de los hombres de su clase.
      Pero mientras corra hacia su coche, no era slo furia lo que senta. Menuda habilidad para juzgar el carcter! Cmo haba sido tan estpida! Por qu no
imagin qu clase de persona era? Cmo haba sido tan crdula?
      Se meti en el coche y se dirigi a su casa. Tena el tiempo justo para cambiarse su ropa empapada antes de que empezara la reunin. De ningn modo pensaba
perdrsela... de ningn modo reprimira su opinin sobre el tema del discurso de Daniel Geshard.
      En cuanto lleg a su casa, Christa llam al hotel, se disculp y le explic al director que le llevara las muestras en otro momento. Luego corri a su dormitorio,
se desnud y rpidamente se sec y cepill su larga y espesa melena castaa, sujetndosela con una sencilla diadema antes de ponerse ropa limpia.
      Christa era pequea y con bonitas curvas, de ojos celestes en un rostro precioso. Tena que trabajar duro para eliminar su imagen de mujer guapa sin cabeza
para los negocios. Negarse a alterar su imagen o a adoptar la imagen masculina de una mujer de negocios, no haba sido fcil, y menos al principio, cuando ella tom
el control del negocio de su ta abuela. Saba que an haba personas que pensaban que haba nacido de pie al heredar el negocio de importacin textil, pero en los
aos anteriores a su muerte, su ta abuela haba dejado muy abandonado el negocio.
      Christa haba sido educada por su ta abuela despus de la muerte de sus padres, y antes de ir a la universidad y estudiar diseo, haba viajado al extranjero
frecuentemente con ella, visitando a los diversos proveedores a los que le compraba la tela.
      Para su ta abuela fue ms barato y prctico llevarse a Christa con ella durante las vacaciones en lugar de intentar encontrar a otra persona que la cuidara.
Y por amor y lealtad a la mujer mayor, Christa siempre haba tenido la boca cerrada sobre el modo en que haba perdido el control de su negocio.
      Le entristeci descubrir que su ta abuela haba perdido su habilidad de adelantarse al mercado y elegir las telas apropiadas, y ver cmo algunos de los proveedores
empezaron a quitrsela de encima con telas de inferior calidad.
      Christa tuvo que trabajar duro para cambiar todo eso. A veces, tena que comportarse de modo ms cruel de lo que ella era realmente, pero al fin el negocio
empezaba a crecer de nuevo. Sus conocimientos y don para el diseo le ayudaron, por supuesto, y el director del banco empezaba a dejar de fruncir el ceo cada vez
que la vea.
      -Eres demasiado fra -le dijo una vez un novio-. A veces me pregunto qu hara falta para romper tu barrera. Sea lo que sea, sea quien sea, no soy yo... Qu
ests esperando, Christa? Un prncipe?
      -No estoy esperando a nadie... a ningn hombre -le dijo Christa con sinceridad.
      Pero esa tarde, un rato antes en la entrada del hotel...
      Furiosa se puso la americana.
      Gracias a Dios que se haba dado cuenta de que era Daniel Geshard antes de... Antes de qu?
      No habra pasado nada. Simplemente ella no deba permitir que sus sentimientos, aunque fueran poderosos, la controlaran. Haba visto claramente las desastrosas
consecuencias resultantes de una mujer que se creyera enamorada y amada por la clase de hombree que se ganaba la vida mediante el engao... como Piers Philips.
      Cerr los ojos. Incluso en ese momento, despus de tantos aos, an le dola pensar en Laura y recordar...
      Laura y ella fueron juntas a la universidad, las dos se encontraban en el ltimo ao cuando Laura conoci y se enamor de Piers Philips, un filsofo con el
que Laura se obsesion tanto que abandon el curso antes de hacer los exmenes finales y se cas con l.
      El padre de Laura era un industrial muy rico, y la propia Laura haba heredado una considerable cantidad de dinero de su abuela. Laura le cont entusiasmada
a Christa que ella y Piers usaran ese dinero para comprar una enorme casa de campo donde Piers abrira una clnica de asesoramiento y relajacin.
      Christa tena que admitir que incluso a ella le engaaron el entusiasmo y los ideales de Piers. En aquellos aos era muy crdula e inocente, medio envidiando
el marido carismtico de Laura y la vida maravillosa que construiran juntos.
      Pero una vez casados, las cosas empezaron a ir mal. Laura se quejaba de que sospechaba que Piers le estaba siendo infiel y que la descuidaba.
      Christa nunca se perdonara por haber permitido que Piers la convenciera de que Laura estaba sufriendo una especie de depresin hormonal provocada por su embarazo,
y que la aventura de que le acusaba era completamente imaginaria. As que en lugar de apoyar a Laura, ella la anim a apartar sus dudas y concentrarse en el futuro,
pensar en su matrimonio y en la llegada de su beb.
      Un da, Piers la invit a cenar para darle las gracias por su apoyo.
      -Laura no podra tener una amiga mejor - le dijo.
      Una amiga mejor... A Christa se le puso un nudo en la garganta de dolor y pena.
      La nica excusa que poda darse era que fue joven e inocente y que Piers fue un manipulador, disfrutando de su juego con ellas dos y de su engao.
      Tres meses despus del nacimiento de su niita, Piers abandon a Laura. La chica por la que la abandon proceda de una familia aristocrtica y muy rica. El
dinero de Laura, el que hered de su abuela, se haba gastado todo, y lo nico que le quedaron fueron las montaas de deudas que Piers haba acumulado.
      Seis semanas despus, muri Laura. El veredicto oficial fue una sobredosis tomaba en plena depresin posparto, pero Christa sospechaba otra cosa... Fue su
relacin con Piers y su engao a sangre fra lo que la mat. Christa se jur que nunca se permitira a s misma ni a nadie dejarse engaar por esa clase de hombre.
Hara todo lo que pudiera para que se supiera cmo eran realmente.
      Y eso pretenda hacer esa noche con Daniel Geshard.


      -Y ahora, en nombre de todos nosotros, me gustara dar las gracias a nuestro orador por su informacin y...
      Basura. Todo lo que Christa haba odo esa noche slo confirmaba su creencia de el tipo de juego que defenda ese hombre de negocios, era completamente intil.
      Y en cuanto al orador... Christa se enfureci al contemplar al hombre tras el podio.
      Era un pretencioso, un charlatn, un estafador que pretenda engaar a los tontos para que le dieran su dinero a cambio de prometerles que l poda convertir
a sus empleados supuestamente estresados y cansados en gente con tanto entusiasmo por el trabajo que hara que sus jefes amortizaran el dinero empleado en los cursos
con su impresionante diligencia por el trabajo.
      No. La nica persona que se beneficiara de esa oferta sera l mismo.
      El jefe de la Cmara de Comercio estaba diciendo si alguien quera hacer alguna pregunta.
      Inmediatamente, Christa se puso de pie.
      El placer artificial en los ojos de Daniel Geshard al estudiarla, hizo que Christa sonriera con desprecio. Oh, s, haba visto el modo en que l reaccion
cuando la vio entre su pblico, con una sonrisa rpida y falsa seguida por un ceo cuando gir la cabeza, negndose a reconocerle.
      Pero por supuesto, a l le interesaba engaarla y hacerle creer que la encontraba atractiva. Christa se pregunt cuntas ejecutivas habran sucumbido al mensaje
de atraccin de sus ojos grises, slo para descubrir que lo nico que l quera era su firma para que sus empleados tomaran parte en uno de sus ridculos cursos.
      -Er... S, Christa?
      El presidente se aclar la garganta nervioso al ver la intencin de Christa de hablar. A diferencia de Daniel Geshard, l deba imaginarse lo que se avecinaba.
Ella nunca haba mantenido en secreto su opinin sobre invitar a ese hombre para darles esa conferencia.
      No importaba lo que otras personas pensaran, ella vea un engao en cuanto lo tena delante.
Despus de todo, qu prueba les haba ofrecido de que el centro que posea y diriga en las montaas realmente beneficiaba a las personas que asistan a sus
cursos?
      -Me gustara preguntar qu prueba puede ofrecernos el seor Geshard de que sus cursos y su centro aumentan el beneficio de las empresas que envan all a sus
ejecutivos.
      Christa reconoci que era un buen actor, porque no mostr ni sorpresa ni desconcierto ante su pregunta.
      -Muy pocas.
      Christa lo mir asombrada.
      -Entonces no piensa que haya necesidad de presentar ciertas pruebas? Es extrao, especialmente en unos tiempos en que incluso los ms claros timos en cursillos
maravillosos, insisten en presentar resultados "antes y despus".
      -Es posible, pero como llevamos abiertos menos de un ao y como ninguna de las empresas que han utilizado nuestros servicios ha completado an las cuentas
de un ao completo, no tenemos acceso a sus nmeros. Pero parece que involuntariamente he dado la impresin equivocada con mi discurso. Nuestro propsito no es especficamente
aumentar los beneficios de nuestros clientes, sino aumentar y mejorar la calidad de las vidas de sus empleados, tanto en el trabajo como fuera de l.
      -Forzndoles a jugar? -pregunt Christa sin dejar de mirarlo a los ojos.
      -Es bien conocido y aceptado que los nios que no han tenido la oportunidad de jugar, es ms fcil que se conviertan en adultos con problemas. Lo que nosotros
pretendemos es ensear a la gente a trabajar junta en armona, mostrndoles a combatir el estrs de la vida moderna.
      -Pero admite que no puede respaldar sus teoras con hechos -insisti Christa testaruda, sin dejarse acobardar por su mirada fra.
      -Ha sido una admisin? Yo haba pensado que estaba simplemente corrigiendo su... inexacta interpretacin de mi discurso.
      Las risas masculinas que provocaron ese comentario pusieron a Christa como un tomate, pero no se acobard.
      -En realidad usted no tiene ninguna prueba de lo que hace, de los cursos que ofrece, no tiene ningn tipo de verdadero beneficio, aparte del movimiento de
su cuenta.
      La expresin de l se endureci.
      -Quizs no en trminos financieros, ni mos ni de nadie, pero creo sinceramente en los beneficios de lo que estamos haciendo, y puedo decirle algo: si usted
fuera a realizar alguno de mis cursos, le prometera que cambiara completamente el modo en que ve la vida.
      Ella lo mir directamente a los ojos.
      -Imposible.
      -Al contrario. Puedo prometer rotundamente que usted o cualquier otra persona, despus de, digamos un mes en el centro, cambiara su opinin sobre la vida,
su enfoque personal. E ir an ms lejos, aadira que se sentira feliz de admitir esos cambios, reconocerlos y querer compartirlos con otros.
      -Nunca!
      -Deje que se lo demuestre.
      Christa abri la boca para negar con nfasis su desafo, y de pronto se dio cuenta de que ella misma se haba metido en la trampa.
      -Creo que es una oferta muy generosa, y una idea excelente -dijo el presidente, entusiasmado, al pblico, aprovechndose del momentneo silencio de Christa-.
Todos estaremos ms que interesados en comprobar los resultados de la visita de Christa a su centro.
      -No, no puedo -protest ella-. Mi negocio no genera el tipo de beneficios para...
      -No le cobrar nada.
      Christa trag saliva. Qu haba hecho? Si se negaba en ese momento slo quedara como una autntica idiota, y tambin dejara que l ganara.
      -No puedes echarte atrs, Christa -le dijo alegremente el presidente-. De otro modo, empezaremos a pensar que t eres la que carece del coraje de tus convicciones.
      -No tengo intencin de echarme atrs - declar Christa muy seca-. Necesitar una semana para organizar mis asuntos de negocios -le dijo a su oponente.
      -S, claro...
Qu seguro estaba de s mismo y de su victoria! Pero la guerra no haba terminado an, y hara falta ms que encanto y seguridad para hacerla cambiar de opinin.
Mucho, mucho ms... De hecho, Christa estaba segura de que l perdera, porque no haba nada, nada que pudiera hacer o decir que pudiera convencerla.


      -Nuestro orador te ha superado hbilmente esta noche, verdad?
      Christa frunci el ceo, aumentando su velocidad cuando el hombre que la habl empez a caminar a su lado. A ella nunca le haba gustado especialmente Paul
Thompson. Tena unos modales zalameros y pegajosos que no ocultaban la descarada sexualidad que Christa vea en sus ojos siempre que l miraba a una mujer. Ella
misma haba tenido que pararle los pies en ms de una ocasin, y aunque no tena ninguna duda de que a l le gustara llevarla a la cama, saba que Paul tambin
le guardaba rencor, y sospechaba que era uno de esos hombres a quienes no le gustaban nada las mujeres.
      Christa senta pena por su mujer, y le evitaba todo lo que poda.
      -No soy el tipo de mujer a la que se hace fcilmente cambiar de opinin -le dijo Christa tajante-. T deberas saberlo, Paul.
      -Pero eres una mujer, y por su aspecto, l parece el tipo de hombre que piensa que puede persuadir y seducir a una mujer para que cambie de opinin... de principios.
      -Bueno, si se es el caso, perder el tiempo conmigo. No soy fcil de persuadir y menos de seducir.
      Si Daniel Geshard estaba pensando hacer lo que sugera Paul, se llevara una gran sorpresa. Qu lo intentara!


      Captulo 2
      CHRISTA frunci el ceo al or el timbre de la puerta. Desde su taller en el tico, haba tres plantas hasta la puerta de la gran casa victoriana que haba
sido su hogar desde que fue a vivir all con su abuela, tras la muerte de sus padres.
      Quien estuviera llamando no tena derecho a hacerlo. Todo el mundo saba que sus horas de trabajo eran sagradas y que no quera que se la interrumpiera.
      Su ta haba preferido trabajar en el pequeo despacho anexo al almacn donde guardaban la tela, pero Christa adoraba el espacioso tico con mucha luz que
daba al norte, donde poda trabajar en paz sin interrupciones.
      El timbre segua sonando. Bueno, donde normalmente poda trabajar en paz sin interrupciones.
      Bien, no iba a abrir, as que quien fuera tendra que marcharse. Antes de salir para Gales esa noche, quera terminar el proyecto en el que estaba trabajando.
La gente ajena al negocio siempre se asombraba al enterarse de lo mucho que adelantaba su trabajo. Las muestras de tela que estaba estudiando en ese momento no estaran
en el mercado hasta dos veranos despus. Pero as era la industria de la moda y las telas.
      Las muestras que estaba estudiando representaban todo tipo de smbolos del nuevo siglo y el cambio en las constelaciones, tema que empezaba a agradar a los
diseadores; estrellas, soles, lunas, junto con varias interpretaciones del signo de Acuario y su unin con el agua.
      Los colores tambin reflejaban ese elemento, azules y verdes, realzados con toda una gama de colores tierra, desde el beige hasta el ms dorado.
      Pensativa, toc un trozo de damasco azul fuerte y mir el montn de telas en la mesa frente a ella hasta que encontr la que estaba buscando. El brocado dorado
quedaba bien con el damasco, aunque algo apagado.
      El timbre haba dejado de sonar. Christa sonri satisfecha, pero frunci el ceo cuando volvi a empezar de nuevo.
      Quien fuera, no iba a rendirse.
      Aunque enfadada, dej las telas en la mesa y se dirigi hacia las escaleras.
      Cuando lleg a la puerta, no slo estaba furiosa, sino tambin jadeante. Se apart el pelo de la cara con una mano mientras abra.
      -Mire -empez irritada-. Estoy trabajando y...
      Se call y mir perpleja al inesperado visitante.
      Daniel Geshard... Qu estaba haciendo ah?
      El la mir divertido, y Christa se ruboriz al darse cuenta de que parte de su regocijo se deba a que ella estaba descalza.
      Tena la costumbre de extender las muestras en el suelo y quitarse los zapatos cuando se arrodillaba para estudiarlas. En el pasado, nunca haba considerado
sus pies como una parte de su cuerpo especialmente provocativa, pero en ese momento, por alguna razn, senta que la cara le arda mientras se resista al deseo
de meter los pies bajo la alfombra.
l pareca mucho ms alto de lo que ella le recordaba, ms... masculino. Llevaba vaqueros y una camisa azul metida por dentro. Estaba muy atractivo. Ningn
hombre tena derecho a tener unas piernas tan largas y unos muslos tan poderosos.
      Sin decir nada, l pas al vestbulo. Christa trag saliva. La haba sorprendido en clara desventaja, llevando una camiseta vieja y un par de mallas, sin maquillar
y con todo el pelo suelto por los hombros. Y de dnde haba sacado su direccin?
      -Qu quieres? -pregunt intentando controlar la situacin.
l estaba mirando un collage de telas que ella haba hecho cuando estudiaba y que su ta insisti orgullosa en colgar en el vestbulo.
      -He venido a recogerte. El centro no es fcil de encontrar.
      -A recogerme? No soy un paquete! Y hasta ahora me las he arreglado bien. Dudo que encontrar el camino a Gales sea mucho problema.
      -Entonces an piensas asistir al curso?
      Christa lo mir furiosa. Pensaba que ella se echara atrs?
      -Claro que s -declar tajante.
      -Bien.
      -Pero el curso no comienza hasta maana a las diez de la maana, y an tengo trabajo que terminar, as que si me disculpas...
      -El ltimo tren a la estacin ms cercana sale a las cuatro de la tarde.
      Tren? Christa lo mir.
      -No pienso... No ir en tren. Llevar mi coche.
      -Me temo que no. No se permite a las personas que asisten a nuestros cursos que lleven su coche.
      -Qu? No me puedo creer...
      -Lo dice nuestro folleto. Te envi uno.
      S, lo haba hecho, y ella lo tir sin molestarse en leerlo.
      -Por eso pens que podras apreciar que te llevara...
      Christa lo mir suspicaz. Cul era el verdadero propsito de su visita? Estaba segura de que no era hacerle ningn favor.
      -An no puedo marcharme. Estoy trabajando y no he preparado mi maleta.
      -Puedo esperar;
      Esperar? Ah? El volvi a mirar el collage.
      -Es bonito. Tienes un ojo excelente para el color, pero sabas que tu eleccin de colores tan ricos, especialmente el rojo, denota una personalidad muy ambiciosa?
      -Claro y t sabes de esas cosas -se burl Christa.
      -Es una de las cosas que he estudiado.
      -Ests perdiendo el tiempo -dijo ella bruscamente-. No hay ningn modo en que pasar un mes o incluso seis en medio del campo, vaya a cambiar nada en m ni
de mi visin de la vida. Y adems, tengo razn al pensar que la duracin normal de esos cursos es slo de dos semanas como mucho?
      -Normalmente s, pero en tu caso...
      -Decidiste equilibrar la balanza en tu favor y darte tiempo extra -le acus Christa.
      Para su sorpresa, l no intent negar su acusacin ni defenderse. En su lugar la mir de un modo que le aceler el pulso.
      -De todos modos, no cambiar de opinin -aadi Christa.
      l la mir detenidamente.
      -Pareces muy segura de ello.
      -Lo estoy -dijo Christa con firmeza-. Me conozco muy bien.
      -A ti o a la persona que te has permitido ser? Te das cuenta de lo estresante que es un control tan rgido de la personalidad, verdad?
      Christa lo mir furiosa.
      -Y t sabes de eso, ya s. Dime... qu hacas exactamente antes de dedicarte a... adivino? -pregunt Christa ofensiva.
      Esper que se desencadenara la tormenta, pero para su consternacin, no fue as.
      -Era profesor de psicologa en Oxford. No quiero meterte prisa, pero sera buena idea que nos marchramos ,lo antes posible. No quiero llegar muy tarde. ltimamente
no hemos tenido mucho viento, y si el suministro de energa es bajo, tendramos que utilizar el generador secundario...
      La velocidad con la que cambiaba de tema, su tranquilidad ante las palabras ofensivas de Christa, la hicieron sentirse impotente y furiosa, no slo con l,
sino tambin con ella misma.
      Profesor de psicologa...
      -Estaba en el folleto, junto con los ttulos de los otros miembros del personal.
      Christa se ruboriz. Pareca que hubiera ledo sus pensamientos.
      -Un generador -repiti, decidida a usar su misma tctica-. Significa eso que no hay un suministro apropiado de electricidad?
      -No estamos conectados a la red nacional. Nuestra electricidad se genera por energa elica. En el centro intentamos ser lo ms independientes posibles y respetar
al mximo el medio ambiente. Eso incluye generar nuestra propia electricidad, cultivar nuestras frutas y verduras... Incluso intentamos abastecernos de nuestra propia
carne, pero eso no funcion bien. Las ovejas se volvieron demasiado dciles y nadie quiso matarlas. Y lo mismo ocurri con las gallinas.
      Mentalmente, Christa contrast lo que l estaba diciendo con la vida de algunas personas de los pueblos que ella haba visitado en India y Pakistn. All no
se permitan el lujo de dejar que su ganado se convirtiera en animales de compaa.
      Pareci como si l le hubiera ledo la mente.
      -S, s lo que ests pensando y posiblemente tengas razn, pero habras querido ser t la que firmara la sentencia de muerte?
      Su percepcin estaba empezando a desconcertarla.
      -Dependera de qu nombre hubiera en ella -le dijo quisquillosa.
      El sonido de su risa, la sorprendi y molest. Se supona que l deba sentirse furioso y ofendido.
      -Ocurre algo?
      Ella lo mir con frialdad.
      -Nada -dijo ella irnica-. Aparte de que me has interrumpido en medio de un trabajo importante, prcticamente has forzado tu entrada en mi casa, intentando
controlar mi vida...
      -La decisin de aceptar mi oferta fue tuya. Podras haberte negado.
      Mentiroso. Saba muy bien que ella no haba podido negarse. Se gir y se apart de l.
      -Necesitars llevar al menos tres mudas, ropa para salir al campo, ms un anorak. Cuando nieva...
      -Nevar? -Christa se detuvo y se dio la vuelta-. Estamos en octubre. En este pas no nieva en octubre.
      -Es posible. Pero Gales no es Inglaterra, y all nieva, y adems estamos en las montaas, lo bastante alto para que nieve en septiembre a veces. Has conseguido
las botas de escalar?
      -Botas de escalar?
      -Estaba en la lista de ropa necesaria.
      Y sin duda la lista debi estar con el folleto que ella tir. De qu otra cosa no se habra enterado por su tonto orgullo?
      -No, no las he conseguido. Pero no las necesitar, ya que no har ninguna excursin.
      Si esper que l reaccionara a su reto discutiendo, se decepcion. l continu como si ella no hubiera hablado.
      -Bueno, no te preocupes mucho por ello. Hay una tienda estupenda de deportes en el mercado del pueblo. Te gustar visitarlo, a todo el mundo le gusta. Es un
mercado tradicional, con una subasta semanal de ganado. Te divertirs.
      Christa le ech una mirada fulminante.
      -No lo creo. Me temo que soy demasiado de ciudad -le dijo, aunque no era cierto del todo
      Ver a unos granjeros buclicos regateando por un puado de ovejas andrajosas no es mi idea del placer.
      -No? No es lo que he odo. Aparentemente han aprendido a no fiarse mucho de la dama de ropa inglesa en las fbricas de India y Pakistn.
      Christa se puso tensa. Dnde se haba enterado de eso?
      -Comprar tela es mi trabajo... ver a otra gente comprar ovejas no lo es. Adems, pens que el espritu tras estos cursos era no pensar en el trabajo y aprender
a jugar -dijo burlona.
      -Nuestro espritu, como t le llamas, es ensear a la gente, ayudarles a vivir de modo equilibrado y pleno, que aprendan a reconocer y aceptar que la mente
humana tiene otras necesidades aparte de las meramente materiales.
      -Oh, el trauma del pobre ejecutivo estresado -se burl despectiva-. Qu grande es su necesidad, qu noble el papel de quien se lo alivia. Hay todo un mundo
habitado por personas que estn muriendo...
      -S, lo s -le dijo l tranquilamente-. Yo no puedo aliviar sus penas, pero puedo ayudar a la gente a aprender a vivir en armona con los dems. Si todo el
mundo viviera en armona, no habra guerras ni hambre. Bueno, te espero aqu, verdad?
      Christa lo mir atnita. Sus palabras le haban conmovido. El la desconcertaba continuamente, pillndola desprevenida, y Christa se senta como una marioneta
a quien manipulara.
      Corri arriba, dicindose que no deba permitir que l llegara a ella. Deba recordar quin era y no quin pareca ser. Era un psiclogo, conoca el comportamiento
de las personas, sus reacciones, y saba proyectar una imagen especfica y ganarse la admiracin.
      Pero pronto descubrira que ella no era fcil de engaar, y antes de que terminara su mes en Gales, se arrepentira de su declaracin pblica de poder cambiar
su perspectiva sobre la vida.


      Captulo 3
      ES esto? -pregunt Christa consternada al ver la coleccin de edificios de piedra destartalados detrs de la verja de la granja. Pareca ms bien una pequea
granja rodeada de edificios ms pequeos que un centro de descanso. Por el tamao del edificio principal ella dudaba que pudiera albergar a ms de cuatro o cinco
personas.
      -No exactamente -replic l tranquilamente, deteniendo el Land Rover delante de la verja.
      Christa se sorprendi al principio cuando vio el Land Rover. Haba esperado que tuviera un modelo ms caro, un ltimo modelo, y no ese vehculo viejo y abollado.
      Cuando Daniel la vio mirndolo, le explic orgulloso que l mismo lo rescat y lo reconstruy.
      -S, eso parece -dijo Christa con severidad, y luego se sinti mezquina al ver el placer desvanecerse de sus ojos.
      -A qu te refieres con eso de "no exactamente"? -le pregunt suspicaz mientras abra la puerta del Land Rover.
      -Este no es el centro -admiti Daniel-. Es mi casa... El centro cerr a finales del mes pasado... para dar a los empleados una oportunidad de descansar y permitir
que los obreros terminen la nueva ampliacin.
      -Qu? Quieres decir que me has trado aqu con engaos? Bueno, en ese caso ya puedes girar este... montn de chatarra y llevarme de vuelta.
      -Me temo que es imposible -dijo Daniel con calma-. Para empezar, estoy casi sin gasolina, y Da no llegar con un bidn hasta maana, y en segundo lugar...
es demasiado tarde, Christa -le dijo mirndola detenidamente-. T accediste a venir aqu -le record.
      -Acced venir a un curso en tu centro, no a... a qu te refieres con que los empleados tengan un descanso? -le pregunt insegura.
      -Pues eso. Pero no te preocupes. Me alegra darte el curso personalmente -le asegur-. De hecho, lo estoy deseando.
      -Pues yo no -replic Christa-. Y de hecho... Qu es eso? -pregunt, con los ojos como platos cuando el Land Rover repentinamente empez a moverse de lado
a lado.
      En sus esfuerzos por contrarrestar el movimiento, extendi los brazos. Con uno se sujet a la puerta y con el otro...
      El otro lo puso contra algo ms slido y clido que la puerta. Y era el pecho de Daniel.
      -No pasa nada -dijo l rindose-. Slo es Clarence... Ha venido a darnos la bienvenida.
      -Clarence... -Christa lo mir furiosa-. Clarence -repiti insegura.
      No poda ver a nadie por la ventanilla.
      -Es un macho cabro que an no a aprendido que un cabezazo no es el mejor modo de dar la bienvenida.
      Daniel estaba rindose de ella. Christa le mir indignada.
      -Lo siento si te ha asustado. Deb avisarte.
      -No me he asustado -minti Christa.
      Empez a apartarse de l, pero se qued muy quieta por la sorpresa cuando una de sus manos cubri la suya, atrapndola contra su pecho mientras su pulgar acariciaba
la suave piel de su mueca.
      Ella empez a temblar ligeramente. La piel de sus manos era rugosa, como si pasara mucho tiempo al aire libre, y la pequea abrasin que le causaba su roce,
estaba provocando escalofros por el cuerpo de Christa.
      -Mentirosa -le acus Daniel suavemente.
      Ella intent concentrarse en lo que l le estaba diciendo en lugar de lo que le estaba sucediendo en su interior.
      -Tienes el pulso muy rpido -dijo Daniel-. Y el pulso rpido significa...
      -De acuerdo, me he asustado -admiti, deseando terminar con lo que se estaba convirtiendo en una situacin cada vez ms peligrosa.
      El miedo era una causa de que se acelerara el pulso, pero tambin haba otras. Christa se mordi el labio, desilusionada al darse cuenta de que lo que su cuerpo
haba interpretado idlicamente como una caricia, era en realidad un examen clnico de su pulso.
      -Eh, agrrate...
      La sensacin de los brazos de Daniel rodendola de repente y apretndola contra su pecho, la dejaron sin respiracin, dejndola totalmente incapaz de protestar
cuando Clarence sacudi el Land Rover por segunda vez.
      -Creo que Clarence se est impacientando -dijo Daniel por encima de su cabeza.
      Christa estaba apretada tan fuerte contra l que hacer algn comentario habra sido arriesgarse a que sus labios rozaran la piel caliente de su cuello.
      -Eh, ests temblando... No pasa nada. Clarence no es tan temible. De hecho es bastante blandengue una vez se le llega a conocer... Vamos.
      Menos mal que l empez a soltarla y se apart de ella para abrir su puerta antes de que se diera cuenta de que la razn de sus temblores no tena nada que
ver con el animal, a pesar de que le daba miedo.
Qu le pasaba? Obviamente haba una gran falta de comunicacin entre su cuerpo y su cerebro. Su cuerpo segua bloqueado en esa primera atraccin que sinti
al conocerlo.
      Ya era hora de que su cerebro le dijera con claridad y firmeza cul era la verdadera situacin.
      clon.
      -Ven a conocer a Clarence -le dijo Daniel, sujetando su puerta abierta.
      De mala gana, Christa sali del vehculo. No era slo el animal con sus impresionantes cuernos lo que la haca sentirse nerviosa, sino tambin el hombre de
pie a su lado.
      -Le compr de pequeo. La leche de cabra es extremadamente buena y el plan era que su harn contribuira a hacernos autosuficientes. Por desgracia, las cosas
no salieron como esper. Es ms barato y fcil comprar la leche en el supermercado. Y luego lleg el problema de Clarence y sus mujeres y su gusto por la ropa. Se
las coman -explic sonriendo-. Consegu encontrar hogares para sus mujeres, pero Clarence result difcil de alojar. Pero sigue siendo un estupendo animal guardin
y, a diferencia de un perro, no necesita tener licencia ni bozal.
      A Christa no le gustaba el modo en el que Clarence la estaba mirando... ni a su ropa, pero no lo admitira ante su dueo.
      Daniel se apart de ella y le habl por encima del hombro.
      -Espera un momento. Voy a por tu maleta.
       Christa tuvo que reprimir su deseo de delatar su debilidad y protestar.
      Clarence no dejaba de mirarla fijamente. Y cuando el animal empez de repente a acercarse a ella, tuvo que controlarse para no esconderse detrs de Daniel.
      -En seguida llegara a conocerte -le dijo Daniel mientras acariciaba las orejas del animal.
      -Lo estoy deseando -murmur Christa con irona, manteniendo el cuerpo de Daniel entre ella y la cabra mientras caminaban hacia la casa.
En qu se haba metido? Un mes encerrada con un hombre que ya saba era un peligro para ella, y para qu? Slo para demostrar que tena razn.
      Mientras Daniel abra la puerta y la haca entrar, decidi que deba estar ms cansada de lo que pensaba. Sus principios y creencias siempre haban sido importantes
para ella. Su ta abuela haba sido de ideas anticuadas, con valores muy estrictos y fuertes que le haba pasado a Christa.
      La puerta se abri directamente a una gran cocina de techo bajo. Y mientras Christa miraba alrededor, observando los mobiliarios de cocina de madera de cerezo,
pens con cinismo que no se haban escatimado gastos al decorar lo que a primera vista pareca una habitacin sencilla y simple.
      Pero Christa, interesada en todos los aspectos del diseo, no se dejaba engaar fcilmente.
      Aunque sin duda, l haba ganado lo suficiente con sus falsas actividades "profesionales", para disfrutar de semejantes lujos.
      Christa deba admitir que l tena buen gusto. La cocina era la que ella habra elegido para s misma si se la hubiera podido permitir. Los armarios podan
parecer sencillos y ordinarios, pero no haba error en el brillo suave de la madera de cerezo, ni en la alta calidad del diseo del mobiliario.
      Sera interesante ver cmo estaba decorada el resto de la casa.
      -Tienes hambre? -le pregunt Daniel.
      -Por qu? Son gastos extras las comidas?
      Christa no intent ocultar su hostilidad, pero la reaccin de Daniel la hizo ruborizarse.
      -No, claro que no. Como ya he dicho, no te cobrar nada por tu estancia aqu. Esta empresa no es algo que haya emprendido puramente para ganar dinero, aunque
mentira si dijera que mis motivos son completamente altruistas. Tengo que ganarme la vida, pero las ganancias no han sido mi nica motivacin... para nada. Pareces
estar decidida a pensar lo peor de m - dijo l suavemente-. Me pregunto la razn.
      Furiosa, Christa apart la mirada de l.
      -Deja de intentar psicoanalizarme -le dijo irritada-. Y s, tengo hambre...
      -Estupendo, yo tambin, aunque me temo que tendr que ser algo simple: sopa y ensalada. Pero antes te ensear tu habitacin. Es por aqu.
      Pasaron por una puerta que les llev a un espacioso vestbulo rectangular.
      -La casa fue construida originalmente por el hijo menor de un industrial que quera volver a las races de su familia, y de ah su tamao. Y como tiene pocas
tierras alrededor, pude comprarla a un precio barato.
Por qu le contaba tantas cosas? Para intentar desarmarla? Bien, pues no funcionara.
      Christa le sigui al piso de arriba. Sus tcticas no la impresionaban, pero la casa s. Obviamente el joven que realiz la casa dispuso de dinero y un buen
arquitecto. La casa estaba bien construida, de estilo simple y sencillo.
      Christa se detuvo en las escaleras para admirar las proporciones de la barandilla y el rodapi. Entonces vio un trozo de madera ms nuevo donde la barandilla
obviamente haba sido reparada. Incapaz de resistirse, pas la mano por la madera. La unin era tan suave que ni siquiera se poda sentir, y slo la ligera diferencia
de color delataba la reparacin.
      -Veo que has encontrado mi reparacin. No mucha gente lo hace.
      Christa lo mir asombrada.
      -T has hecho esto? -pregunt, incapaz de controlar su sorpresa.
      -S, la carpintera es mi pasatiempo favorito... Tambin hice los armarios de la cocina. Mi abuelo era carpintero, un verdadero artesano, orgulloso con razn
de su trabajo. Tu habitacin est por aqu.
      Christa le sigui en silencio. Sus modales tranquilos y amistosos... eran naturales o simplemente adquiridos? El engao tena que ser parte integral de su
naturaleza. El arte de proyectar una falsa imagen, tan pulida y perfeccionada que era fcil para l hacer que los otros creyeran la ilusin que l haba creado.
      Y slo haba una razn por la que l la haba llevado all, prcticamente secuestrndola. A ningn hombre le gustaba ser desafiado por una mujer, y menos que
una mujer ganara el desafo. Y tanto profesional como econmicamente, l no poda permitirse ser derrotado.
      Sera una guerra entre ellos, y Christa deba reconocer que l tena algunas armas devastadoras en su arsenal.
      Daniel se detuvo en una de las puertas del pasillo.
      -Te he puesto aqu. Tendrs tu propio cuarto de bao.
      Abri la puerta y la hizo pasar delante de l. La habitacin estaba decorada con sencillez, con una cama antigua de bronce y algunos muebles de roble antiguos
y brillantes, incluyendo un escritorio.
      -Te dejar para que te instales- y luego despus de cenar podremos discutir la estructura de tu curso. Una de las cosas que enseamos aqu es la importancia
del trabajo en equipo en armona y sus beneficios. Descubrimos que muchos ejecutivos pierden la visin de la importancia de trabajar junto a otros. Nuestra cultura
engendra la necesidad de dominar y alcanzar la superioridad. Nosotros queremos compensar los efectos de eso, ensear los beneficios de apoyarse en otros, de integrarse
con colegas y compaeros de equipo.
      -Yo no tengo ningn compaero de equipo -dijo Christa cortante-. Deberas intentar salir al mundo real. Te prometo que eso no funciona. Una de las primeras
cosas que sucedera si los importadores y yo empezramos a apoyarnos, sera que nuestros compradores nos acusaran de querer organizar un acuerdo comercial y manipular
los precios.
      -No me engaas, Christa. Puedes pensar que suenas dura y cnica, pero slo es un disfraz, una forma de proteccin.
      Se fue y cerr la puerta en silencio tras l antes de que a Christa se le ocurriera una rplica.
      Que ella necesitaba proteccin? Era ridculo.


      Christa vacil en el pasillo. El aroma a sopa la animaba a ir a la cocina. Saber que Daniel estaba all, la detena. Pero cuando se abri la puerta y l apareci
frente a ella, le quit la decisin de las manos.
      -La sopa est lista -le dijo alegremente-, aunque no tengo mucho mrito. Todo lo que hice fue recalentarla en el microondas.
Quin la habra cocinado? Diez minutos ms tarde, Christa estaba tomando la deliciosa sopa. La habra hecho la esposa regordeta de algn granjero, o una
mujer ms joven y guapa? Daniel era un hombre atractivo y sera muy fcil para una mujer ms vulnerable que ella ser engaada por su aparente calor y amabilidad,
su sentido del humor y su carcter abierto... Y especialmente si l la miraba del modo que a ella cuando se conocieron por primera vez!
      Con decisin, apart ese recuerdo.
      -Qu ocurre? -le pregunt Daniel-. Est demasiado caliente la sopa?
      Menos mal que no poda realmente leer su mente.
      -No, est bien. Muy buena. Quin la ha hecho?
      -Realmente no lo s. Algunas esposas de los granjeros de por aqu tienen pequeos negocios, cocinando y proporcionando comida casera. Trabajan para ceremonias,
acontecimientos especiales, bodas... y tienen un quiosco en el mercado, y tambin me proporcionan cocineros y personal para el centro. Esta sopa es parte de una
tanda de comida que haba en el congelador del centro. La traje aqu para que no se desperdiciara. Normalmente yo cocino o como en el centro. Bueno, he preparado
un programa para tu curso -continu-. Normalmente seguimos una rutina ms especializada, pero en tu caso...
      -En mi caso qu? -pregunt Christa suspicaz abrieron la carpeta que l le estaba dando-. Qu me hace diferente? Ya has alterado las probabilidades en tu
favor doblando la duracin del curso, pero te dir que no importa lo que digas o hagas. No cambiar de opinin - le dijo triunfante.
      -La duracin de tu curso no tiene nada que ver con que yo intente poner los probabilidades a mi favor. Es simplemente que sin mis ayudantes, se tardar ms
en...
      -Lavarme el cerebro -dijo Christa mordaz-. Por qu no me encierras en mi habitacin y me dejas morir de hambre hasta que me someta?
      -No me tientes -le dijo con dulzura-. T, sumisa? Lo dudo -termin sonriendo.
      Haba algo en el modo en que l la estaba mirando... algo en su sonrisa... Profundamente aturdida, Christa inclin la cabeza.
      -Bueno, y entonces qu vas a hacer conmigo? -pregunt rpidamente.
      -El curso consta de una mezcla de ejercicios fsicos y mentales diseados a fomentar la confianza en los dems y la habilidad de compartir el control mediante
actividades y discusiones en grupo. Las actividades en grupo se valen de nuestros alrededores e incluyen montaismo y piragismo por parejas...
      -Piragismo? -Christa lo mir fijamente-. Ni hablar. Olvdate de eso.
      Visiones de una embarcacin endeble aparecieron en su cabeza. Christa saba nadar, preferiblemente en una piscina climatizada, sin corrientes ni olas, pero
si l esperaba que ella arriesgara voluntariamente su vida.
      -No hay nada que temer -dijo Daniel-. Las piraguas no se pueden hundir. Lo peor que puede ocurrir es que se den la vuelta si se controlan mal, pero llevars
un traje isotrmico y...
      -No. Ni hablar -repiti Christa tajante.
      -Te prometo que no hay nada que temer. Soy un instructor cualificado y...
      -No me importa lo cualificado que ests - dijo Christa furiosa-. No har piragismo.
      -Es una parte importante del curso, pero si has cambiado de opinin y ya no quieres hacerlo...
      Christa lo mir echando fuego por los ojos. Daniel estaba intentando hacer que se retractara y as ganar l.
      -Espero por tu bien que tengas un buen seguro.
      -Lo tengo. Pero si te sirve de consuelo, an no hemos ahogado a ningn alumno.
      -Un araazo... un simple araazo... -le amenaz Christa, ignorando la risa que vea brillando en sus ojos.
      -Si el piragismo es realmente un problema para ti...
      Daniel estaba serio de nuevo.
      -T eres mi problema. T y todo esta farsa para ganar dinero.
      -Farsa? Al contrario. Es algo que me tomo muy en serio.
      -En serio? Le llamas serio a estar sentados en crculo charlando... escalando montaas y remando... ? Oh, y por cierto, cundo tendr lugar exactamente
esa prueba en el agua?
      -La mayora de la gente lo encuentra una experiencia bastante agradable, pero si realmente te da miedo, podramos...
      -No me da miedo. Simplemente no le veo el sentido.
      -Ests mintiendo, Christa. Te da miedo - le dijo Daniel tranquilamente.
      -No el piragismo -replic ella con vehemencia.
      -No? Entonces qu? Qu se demuestre que ests equivocada?
      Christa estaba segura de que estaba enfadado, a pesar de su tono tranquilo y su aparente calma.
      -No -le dijo ella enrgica-, porque yo tengo razn. De ningn modo podrs hacerme cambiar de opinin sobre lo que dices que ests logrando aqu... Todo esto...
las discusiones... los paseos, el piragismo... Slo son una prdida de tiempo.
      -No -le corrigi Daniel apartndose de ella y ponindose de pie junto a la silla que acababa de dejar vaca-. No lo son. De hecho son un modo excelente de
fomentar la confianza.
      -Fomentarla? La confianza es algo que existe o no existe entre las personas.
      -Estoy de acuerdo. Pero a veces, por una u otra razn, perdemos o eliminamos deliberadamente nuestra habilidad para confiar en otros, y cuando eso sucede,
necesita ser estimulada para crecer y prosperar, ser fomentada...
      -0 forzada? -sugiri Christa burlona, encogindose de hombros-. De todos modos, como estoy aqu sola, no me parece que tenga sentido centrarse en ese aspecto
particular del curso, verdad? No hay nadie en quien pueda aprender a confiar.
      -Estoy yo.
      -T? -Christa apart su cuenco de sopa-. Esperas que aprenda a confiar en ti? Nunca... Hara falta un milagro...
      -A veces suceden.
      -No esta vez. Espera y vers!
      -Aprender a confiar es parte integral de nuestro curso. Saber que podemos confiar en otros y saber que ellos sienten que pueden confiar en nosotros, aumenta
nuestra autoestima, de un modo mucho ms positivo y valioso que la autoestima procedente del xito profesional y econmico. Es bueno saber que nuestro trabajo es
valorado y bien recompensado, pero es mejor saber que se nos valora por nosotros mismos.
      Christa escuch su discurso con cinismo. Tena que admitir que era bueno, con su expresin sincera y el entusiasmo y conviccin en su voz.
      -Lo siento, me estoy dejando llevar por mi propio entusiasmo -se disculp Daniel-. Eso es lo peor de ser un converso de tus propias creencias.
      -Suena casi idlico -le dijo Christa con frialdad-, pero el hombre no puede vivir slo de la autoestima.
      -Puede que no. Pero sin duda no puede vivir sin ella. Se ha demostrado numerosas veces que si se le quita la autoestima a una persona, su vida se convierte
meramente en existencia.
      -Lo haces sonar como si estimular la autoestima sea una cura para todas las aflicciones -se burl.
      -En mucho aspectos, yo creo que lo es... Cuando tena quince aos, despidieron a mi padre de su trabajo. Tres meses despus, se mat. Tena cuarenta y tres
aos y no pudo soportar la vergenza de perder su trabajo. El hecho de que nosotros lo amramos, que fuera valorado y una parte valiosa de nuestra comunidad, el
hecho de que le necesitramos, no fue suficiente.
      Christa trag saliva. Sus palabras sencillas, libres de retrica y fervor teatral, la conmovieron profundamente.
      Quizs por la prdida de sus propios padres, ella saba todo lo que l no le estaba diciendo.
      Las lgrimas nublaron su visin. Quiso tocarle, decirle que le entenda.
      -Quizs por su muerte, el xito econmico y profesional nunca me hayan atrado mucho. Y tras su muerte, descubrimos unas acciones que compr aos antes y que
haban aumentado mucho su valor. Tanto, que mi padre nunca habra necesitado volver a preocuparse por el dinero. El dinero que yo us para comprar esta propiedad,
sali de esas acciones. Me pareci un modo apropiado de usarlo.
      Christa volvi a tragar saliva. Daniel pareca tan sincero, tan... todo lo que ella siempre haba querido en un hombre...
      Pero al mismo tiempo, estaba metido en un negocio que ella saba por experiencia slo atraa a hombres a quien se les daba bien engaar, hombres que eran timadores
refinados.
      Su instinto y su feminidad, queran creerlo, pero sus conocimientos y experiencia, le advertan que no lo hiciera.
      Cul de ellos tena razn?
Por qu no mantener la mente abierta? Por que no permitirle que demostrara cmo era? Despus de todo, no estaba ella all para eso? No era justo tener
la mente abierta y no tener prejuicios contra l? Y permitirse enamorarse y arriesgarse a sufrir... a ser destrozada como le ocurri a su amiga?
      No. De ningn modo caera en esa trampa.
      De ningn modo.


      Captulo 4
      CHRISTA se enderez somnolienta en la cama. Qu hora era? Mir su reloj. No poda recordar la ltima vez que haba dormido tan profundamente, ni durante tanto
tiempo. Algo que, sin duda, Daniel dira que era uno de los efectos de recuperacin de ese lugar.
      Pero Christa tena otras ideas, cmo qu haba exactamente en esa taza de cacao caliente que l insisti en hacerle antes de irse a dormir. Cacao! Ella haba
dejado de beberlo cuando abandon su casa para marcharse a la universidad.
      La casa estaba silenciosa, y pareca vaca...
      Frunciendo el ceo, se levant de la cama y se puso la bata. La noche anterior, Daniel le dijo que pasaran la maana revisando los detalles de su curso.
      -Obviamente, variar algo de los que se imparten normalmente.
      -Obviamente -replic Christa con brusquedad-. Despus de todo, la gente con la que tratas ya son conversos, verdad?
      -No exactamente. Y adems, no vienen para ser convertidos, sino a recibir ayuda para reconocer las seales de estrs y para aprender como tratarlas y como
integrarse bien con el resto de la raza humana y sus colegas en particular.
      Christa se sinti tentada a discutir con l, pero fue detenida por un inesperado bostezo.
      -Ests cansada --coment Daniel levantndose de su silla-. 0 quizs te est aburriendo.
Pretendi realmente que ella contestara esa pregunta? Seguro que l saba que "aburrido" era lo ltimo que cualquier mujer le encontrara.
Dnde estara en ese momento? Christa se acerc a la ventana, apart la cortina y gui los ojos ante la inesperada luz matinal. El cielo estaba azul y el
sol brillante.
      Al principio no estuvo segura si el brillo blanco que vio en lo alto de las montaas se deba al resplandor del sol o si era de verdad nieve.
      Cuando se le aclar la visin, se qued boquiabierta al darse cuenta de que realmente era nieve. Record las palabras de Daniel el da anterior cuando ella
se extra de que nevara en noviembre. Y de pronto, esa regin montaosa le result extraa e intimidante. En las noticias haba odo y tambin ledo en los peridicos
casos de escaladores perdindose entre las ventiscas de nieve de Escocia y Gales en pocas del ao donde la idea de la nieve en otras zonas del pas pareca irrisoria.
      En una ciudad y en las zonas ms pobladas del pas, era fcil olvidar que esas montaas existan.
      -Te prometo que para cuando te marches de aqu, te vers a ti misma y a todo y todos a tu alrededor, con una luz diferente -le prometi Daniel la noche anterior.
      -Cmo? -le pregunt ella desafiante.
      -Espera y vers.
      Christa se estremeci ligeramente, como si realmente pudiera sentir el fro de esos picos nevados, aunque en realidad estaba dentro de un dormitorio clido.
Sera posible que el proceso del cambio ya hubiera comenzado en su reaccin al ver las montaas y darse cuenta de su inesperada admiracin?
      No deba ser ridcula. De acuerdo, le haba impresionado ver esos picos nevados, era ridculo sentir que de algn modo su actitud estuviera amenazada.
      Daniel no poda ser el responsable de la nieve, verdad?
      Cuando ella abandonara Gales, no sera con sus opiniones cambiadas, sino reforzadas. Cuando regresara a su casa sera para confirmar lo que ya crea. Daniel
poda parecer genuino y sincero en sus creencias, incluso poda creer en s mismo, pero no sera capaz de convencerla a ella.
      Se puso tensa cuando un sonido llam su
      atencin. Pareca que alguien estuviera trabajando ah fuera. Daniel? Trabajando en qu? No se supona que ella era su trabajo?
      Si se era su modo de cambiarla, o sea, simplemente ignorndola, entonces... 0 se lo habra pensado mejor? Quizs hubiera empezado a darse cuenta de que ella
no era fcil. Habra empezado a rendirse?
      Llevndose ropa limpia, Christa corri al cuarto de bao. Si pudiera conseguir que l admitiera que se haba equivocado y que ella poda marcharse, volver
a su vida antes de...
Antes de qu? De que empezara a olvidar por qu estaba ah y empezara a centrarse, no en la realidad, sino en la fantasa, a cerrar los ojos y permitirse
ser seducida por la respuesta femenina de su cuerpo a la masculinidad de Daniel?
Ridculo! Como si ella entre todas las personas fuera lo suficiente estpida para hacer eso.
      Abajo, la cocina estaba vaca, y escrupulosamente limpia y ordenada. Haba una nota en la mesa para ella. La ley rpidamente, intentando calmar su corazn
mientras estudiaba la firme escritura de Daniel.

      Te hice una visita a las siete, pero estabas dormida. Desayuna lo quieras.

      Daniel haba ido a hacerle una visita.
      Christa trag saliva, sintiendo de repente mucho calor. Le preocupaba pensar que l la hubiera mirada cuando ella estaba durmiendo y era ajena a su presencia
y vulnerable. Se le puso la cara an ms caliente al recordar el modo en que el camisn se le sola soltar y resbalar por el hombro.
      Enfadada, decidi que l no tena derecho a entrar en su habitacin, y cuando lo viera, se lo dira.
      Se hizo caf, demasiado nerviosa para comer nada, y la curiosidad la hizo salir cuando termin y cruzar el jardn en direccin al ruido que oy un rato antes.
      Fuera haca ms fro de lo que esperaba. El fino traje de diseo de lana que se haba comprado por capricho, no era lo suficiente grueso para proteger sus
piernas del fuerte viento, y se arrepinti de haber abandonado la casa sin la americana.
      Estaba a punto de dar media vuelta y volver a por su americana cuando un sonido tras ella la detuvo.
      Su corazn empez a latir ms deprisa al reconocer el sonido de cascos en los adoquines del patio. Cuando se gir, vio a Clarence, de pie entre ella y la casa,
mirndola con expresin malvola.
      Christa se aterroriz. De nia, un da fue a ver a su abuela que tena una cabra. Su madre la llev a ver a las cabritillas, todas de pelo blanco y suaves
al tacto, pero por alguna razn, la cabra se opuso a su presencia y se lanz contra ellas.
      Ni la madre de Christa ni su abuela parecieron particularmente perturbadas, pero para Christa fue una experiencia aterradora que nunca olvid.
      El da anterior sinti resurgir brevemente ese miedo, pero ver a Clarence desde la seguridad del Land Rover y luego al lado de Daniel, era algo muy distinto
de estar a solas, y sabiendo que el macho cabro podra alcanzarla si ella ceda a su miedo y echaba a correr.
      Era casi como si Clarence supiera lo que senta ella. Christa lo vio mirar sus pantalones.
      -Un bocado y ests muerto -le amenaz.
      Pero habra jurado que Clarence se rea de ella, reconociendo su completa incapacidad para protegerse a s misma ni a sus pantalones.
      Clarence dio un paso hacia ella, y luego otro.
      Christa sinti el corazn acelerado y luego se le puso la boca seca.
      -Vamos... vete.., vete...
      Su voz sonaba dbil y asustada y totalmente intil. Entonces not que a lo lejos, los golpes rtmicos de metal contra piedra haban cesado, pero tena demasiado
miedo del animal para reconocer lo que significaba ese cese del sonido, as que las palabras divertidas de Daniel le llegaron totalmente por sorpresa.
      -Ah, ests levantada. Bien... Estaba pensando tomarme un descanso para almorzar.
      En cualquier otro momento, Christa habra respondido furiosa a sus bromas, dicindole que si l realmente almorzaba a las diez de la maana, era una persona
muy rara. Pero la sorpresa de or su voz, combinada con su miedo, le hicieron girar al instante con fuerza, olvidando momentneamente su miedo por la humillacin
de ver a Daniel presenciar sus apuros.
      Casi como si estuviera esperando ese momento, Clarence aprovech la oportunidad que le haba dado y se lanz hacia ella.
      Christa oy el sonido de sus pasos y gir para mirarlo. Abriendo mucho los ojos por el terror, reaccion instintivamente, girando para correr, escapar, pero
sus finos zapatos de ciudad no estaban hechos para correr por piedras y barro.
      Sofocada de miedo, era una vez ms la nia pequea en casa de su abuela, sabiendo que no haba modo de escapar, que...
      De pronto, la tierra desapareci bajo sus pies, pero no se encontr echada contra los pedruscos hmedos, con Clarence respirando pesadamente sobre ella, sino
contra un cuerpo masculino slido y reconfortante, y un par de brazos fuertes y protectores.
      Daniel...
      Christa abri los ojos que haba cerrado con fuerza por el pnico.
      Daniel la estaba abrazando con firmeza y hablndole con suavidad.
      -Vamos, tranquila. Slo es Clarence. Eso es todo.
      Eso era todo!
      Indignada, Christa levant la. cabeza y le mir.
      -Iba a atacarme -le dijo temblorosa.
      Todo su cuerpo empez a estremecerse. Christa sinti nuseas y lgrimas en los ojos.
      -Para ti est bien -le dijo a Daniel-. T crees que es gracioso, pero...
      Intent liberarse del brazo que l tena a su alrededor, aunque saba que Clarence segua ah, a pesar de que mantena las distancias.
      -No, no creo que sea gracioso -la contradijo Daniel.
      -Sultame.
      -En seguida, cuando te haya llevado dentro, a salvo. Realmente no es necesario que tengas miedo de Clarence -le dijo girndola y empezando a llevarla hacia
la casa.
      -Iba a atacarme.
      -Sinti tu miedo y quera intimidarte, nada ms. Pero no era slo Clarence quien te asust, verdad? -pregunt abrindole la puerta.
      -No -admiti Christa-. Mi abuela tena una cabra que me aterrorizaba. Sola rerse de m, decirme que no fuera tonta y que la vida tena ms cosas que temer
que una cabra con mal genio. Ella despreciaba la debilidad en la gente. Era una mujer fuerte.
      Christa frunci el ceo al ver el modo en que la estaba mirando Daniel.
      -Qu ocurre? Por qu me miras as?
      -Estaba pensando en la nia que debiste ser...
      -Pues no lo hagas. Ya soy una mujer y...
      -Lo s -dijo Daniel muy despacio y en tono bajo-. Toda una mujer...
      -No.
      Su negativa fue automtica, pero tan dbil que Christa no se sorprendi cuando l la ignor y se acerc a ella, rodendole la cintura con las manos y luego
subiendo y bajando por la espalda y las caderas, con una mirada de placer sensual tan intenso en los ojos que la dej inmvil.
      Si cualquier otro hombre hubiera experimentado semejante placer simplemente tocndola, realmente nunca haba dejado que ella lo notara.
      Saba que Daniel iba a besarla, y no hizo nada para detenerle, ni tampoco para controlar los pequeos escalofros que recorran su cuerpo.
      Todos sus sentidos se centraron en lo que saba que iba a suceder, en las caricias de las manos de Daniel mientras sujetaban su cara, en sus dedos rozando
su contorno, dejndole la piel caliente. Christa poda ver el modo en que se levantaba el pecho de Daniel, como si tuviera dificultades respirando, y la intensa
concentracin en sus ojos mientras se oscurecan de deseo. Deseo por ella.
      Su propia respiracin se volvi irregular y rpida. La boca de Daniel toc su piel y sus dedos le apartaron el pelo de la cara, acariciando la suave piel detrs
de su oreja, hacindola temblar, cerrar los ojos y emitir un pequeo sonido de placer cuando sus labios siguieron el sendero de sus dedos.
      Christa poda sentir todo su cuerpo cobrar vida, y sin hacer ningn esfuerzo consciente por moverse, de pronto se encontr ms cerca de Daniel, tanto que poda
sentir sus latidos, la tensin en sus msculos, el calor de su piel bajo sus manos. Mareada, sinti el calor emanando de su cuerpo, el sutil cambio de una exploracin
controlada a un deseo menos controlado en el movimiento de sus labios contra su piel... y su propia respuesta.
      Contra toda la lgica y razn, experiment un deseo tan fuerte por l que se senta totalmente incapaz de controlarlo.
      Se asust, pero en lugar de apartarse de l y detener lo que estaba pasando, todo lo que ocurri fue que aument su debilidad, su incapacidad de resistirse.
      Intent protestar, pero su dbil susurro se perdi, fue silenciado por la suave presin de su boca mientras l la abrazaba, besndola con una lenta determinacin
y hacindole sentir como si todo su cuerpo se estuviera disolviendo y derritindose en l.
      Ningn hombre la haba besado nunca as, la haba hecho sentirse as, no slo excitada con deseo fsico, sino llena de tantas emociones que le quemaban los
ojos de lgrimas tras sus prpados cerrados.
      No tena voluntad, vida ni otro poder que no fuera controlado por l. Su mente, su cuerpo y sus sentimientos obedecan alegremente a las crecientes exigencias
de su boca, las sutiles caricias de su lengua mientras se mova persuasivamente sobre sus labios, incitndoles a abrirse.
      Cada parte del cuerpo de Christa estaba sensibilizado, tanto por dentro como por fuera, de tal modo que apenas poda soportar la fuerte presin de la ropa
contra su piel.
      -No...
      Christa se apart de Daniel, rompiendo el beso y la fuente de sus pensamientos oscuros.
      Apenas poda reconocerse en el erotismo de sus pensamientos y deseos.
      Cuando las manos de Daniel se movieron como si pretendiera volver a abrazarla, ella sinti durante un instante que quera que lo hiciera, que deseaba que silenciara
sus protestas con la presin de su boca, que anulara fsicamente la lgica de sus pensamientos.
      Se asust al darse cuenta de lo que cerca que haba estado de perder todo el control, y retrocedi otro paso.
      Vio a Daniel fruncir el ceo, bajar la mano que haba levantado hacia ella y la sonrisa desaparecer de sus ojos.
      -Me voy dentro.
      No era extrao que hubiera dejado de sonrerle. Christa se pregunt cuntas otras mujeres antes que ella haban sido engaadas por las falsas promesas de sus
besos seductores, la sensual delicadeza de sus manos, la suave tensin en su cuerpo al soltarla, como si no pudiera soportar hacerlo, el modo en que l gir ligeramente
su cuerpo como si intentara ocultar su excitacin sexual.
      Oh, Daniel se saba todos los trucos.
      Las lgrimas que llenaron los ojos de Christa mientras entraba corriendo en la cocina con la cabeza inclinada y un leve temblor en su cuerpo no fueron slo
causados por el susto que le dio Daniel. Al llegar a la puerta del vestbulo, en contra de su buen juicio, se detuvo para girar la cabeza y mirarlo.
      Estaba de pie, quieto, mirndola, con las manos en las caderas, el pelo ligeramente alborotado por la brisa que entraba por la puerta abierta.
Podra ver desde la distancia el suave rubor que llen la cara de Christa? Sabra que l era la causa? Le importaba lo que le estaba haciendo a ella, el
dolor que poda causarle?
      No, claro que no. Ese tipo de hombres no era as. Christa dio media vuelta y abri la puerta.
      Se dio cuenta de que sus caros mocasines de piel que se haba comprado como un capricho especial unos meses antes, estaban llenos de barro, y tambin tena
manchados los pantalones, y toda la piel de gallina por el fro.
      Era demasiado tarde para arrepentirse de no haberse llevado su ropa interior trmica.
      Subi arriba para ponerse algo caliente.
      Pero una vez lleg a su dormitorio, se acerc a la ventana, ajena a la impresionante vista de las montaas. Sus pensamientos estaban centrados en esos minutos
que haba pasado en los brazos de Daniel.
      Un suave sonido de rabia escap de sus labios.
Cmo pudo haber pasado? Cmo pudo permitir y desear que sucediera?
      No! Ella no quiso que sucediera.
      No? No quiso que Daniel la besara?
      Su cuerpo tembl. Cerr los ojos contra el tormento.
      En realidad quiso que Daniel la besara y la tocara y...
      Eso era una locura. Era una mujer adulta, demasiado madura, demasiado sensata.
      Esa sensacin de vrtigo que experiment, no pudo ser causado por algo tan simple como la amenaza de haberse enamorado de Daniel?
      Algo que era completamente ridculo por ser imposible.
      Poda sentirse atrada por l sexualmente, y haba sido un error dejar que esa atraccin se le escapara de las manos y la hiciera comportarse de forma poco
apropiada, pero enamorada... No... Nunca. Ella nunca, y menos con un hombre como Daniel!
      Si tena que quedarse all...
      Nada de eso. Se record que iba a quedarse. Si se marchaba en ese momento, no slo Daniel, sino todo el mundo imaginara que era porque no poda seguir cumpliendo
su palabra.
      Tena que quedarse, y deba encontrar un modo de controlar su deseo sexual. Deba recordar lo que le sucedi a Laura. Laura se enamor... y cmo termin?
      Escaladas, ejercicios en grupo, piragismo...
      Furiosa, Christa tir los programas que Daniel le haba dado. Pensaba l realmente que algo de eso la iba a hacer cambiar?
      El viaje en piragua estaba previsto para el da siguiente. Frunci el ceo y mir por la ventana. Poda ver el brillo plateado del agua donde el lago reflejaba
un cielo gris  azulado.
      A ella nunca le haba gustado mucho el aire libre. Le gustaba el calor y el sol, no el fro y la humedad. La ltima vez que estuvo en el agua fue el las islas
griegas, y el capitn siempre iba en pantalones cortos bajo el calor y el sol.
      Bueno, al menos no tena que preocuparse de que Daniel llevara un par de pantalones cortos con ese fro.
      Cansada, cerr los ojos. No era lgico que sintiera tal deseo por ese hombre. Tales sentimientos tendran que ser suprimidos.


      Christa ech a Daniel una mirada asesina mientras l estaba de pie en el pequeo embarcadero, esperndola. Se haban puesto los trajes isotrmicos en el vestuario
del pequeo y bien equipado cobertizo junto al embarcadero, y en ese momento Daniel estaba de pie junto a la escalera de madera que llevaba al agua.
      Christa camin hacia l. Poda ver la piragua en el agua, algo frgil, como el juguete de un nio, mecindose ligeramente
      -No puedes esperar que arriesgue mi vida subiendo a eso -protest.
      -Es perfectamente segura. No se puede hundir. Lo peor que puede ocurrir es que se vuelque.
      -Volcarse? -pregunt Christa suspicaz.
      -S. Un piragista inexperto puede volcarla, pero estos aparatos estn diseados para volver a enderezarse sin ningn dao a las personas que hay dentro. Por
eso los usamos. Estars perfectamente a salvo, Christa. No te habra trado si...
      -Oh, no? -murmur Christa irnica.
      -Qu pensabas? Que te llevara al centro del lago y te amenazara de muerte ahogndote si no accedas a cambiar de opinin?
      Ella no haba pensado nada de eso, por supuesto, pero al or sus palabras y ver el brillo divertido en su mirada, se enfureci y le atac.
      -Te creo capaz. Despus de todo debes estar desesperado. Un sitio como este triunfa o se hunde dependiendo de su reputacin.
      -Y t tienes suficiente influencia para asegurar el xito o el fracaso?
      Se haba merecido las palabras. Pero aun as, Christa se sorprendi. Ella era la que haca los comentarios desagradables, y no Daniel.
      -Oh, por el amor de Dios, terminemos de una vez con todo esto.
      Era un da fro y gris, y el cielo amenazaba lluvia. El viento mova la superficie del agua provocando pequeas olas.
      Christa se estremeci al mirarlas, y luego mir la piragua de colores brillantes. Pero no iba a demostrar su miedo, echarse atrs y dejar que Daniel se burlara.
      Respirando profundamente, camin hacia el final del embarcadero.
      -Yo bajar primero -dijo Daniel.
      No haba ninguna inseguridad en el modo en que l baj la escalera de madera y se meti fcilmente en uno de los dos huecos de la piragua. Christa lo vio dirigir
la pequea embarcacin a la escalera, y entonces le dijo que bajara.
      Christa lo hizo, aunque con mucha menos seguridad, temblando un poco al llegar al ltimo peldao.
      -Lo ests haciendo muy bien -le dijo Daniel-. Ahora sube aqu y mtete en la piragua.
      Durante un instante, se sinti tentada a negarse. Se le haba puesto la boca seca y el cuerpo tenso mientras se sujetaba a la escalera. Daniel estaba sujetando
la piragua, con una mano en la escalera y estirando la otra para ayudarla...
      -Todo va bien, Christa.
      Christa apret los dientes y avanz.
      Sinti un instante de pnico cuando se solt de la escalera y se dej caer a la piragua, pero lo control, dicindose que no deba delatar sus sentimientos
delante de Daniel. Y al instante se encontr dentro de la pequea embarcacin, cara a cara con l. Daniel empez a remar, haciendo que se deslizaran por la superficie
del lago a gran velocidad. Incluso a pesar de lo grueso del traje isotrmico, poda ver la fuerza de los msculos de sus hombros.
      -Normalmente en este ejercicio enviamos a un grupo de cuatro alumnos con un instructor en una de las piraguas grandes. Una vez que l ha demostrado todas las
tcnicas de seguridad y est satisfecho de que ellos han aprendido lo bsico para manejar la piragua, quita todos los remos excepto dos, que les da a miembros separados
del grupo. Entre ellos tienen que conseguir regresar a tierra, coordinando los remos y la direccin en un esfuerzo en grupo donde todos dependen el uno del otro.
      -Suena como una receta para asesinato en masa -coment Christa irnica-. Si algo as sucediera en la vida real, uno de ellos intentara conseguir el control
de los dos remos, y entonces...
      -Y entonces qu? No podra controlarles a todos y maniobrar la piragua a la vez, verdad?
      -Podra librarse de los otros, matarles con los remos, tirarles por la borda y...
      -Mmm... podra. Pero no tendra ms sentido que trabajaran juntos y compartieran la tarea de llegar a tierra firme?
      -En un mundo perfecto quizs, pero ste no lo es.
      -No. Por eso deberamos esforzarnos ms para que fuera as.
      Daniel no poda realmente pensar que ella fuera lo suficiente boba para creer que l realmente pensara que tal idealismo pudiera funcionar, verdad?
      Haban llegado al centro del lago, y las pequeas olas se haban vuelto mucho ms altas y fuertes.
      -Qu haras ahora, Christa, si hubiramos perdido los dos remos?
      -Demandarte? -sugiri ella dulcemente.
      Daniel se ri.
      -Antes tendras que volver a tierra -le record.
      -S nadar.
      -Hay mucha distancia y el agua est muy fra. Intenta pensarlo. Las manos pueden ser remos estupendos, especialmente con los dos trabajando juntos. Pero primero,
uno de los dos tendra que levantarse y darse la vuelta.
      -De ningn modo te dara la espalda - dijo Christa rpidamente-. De ningn modo!
      -Entonces preferiras quedarte aqu en vez de arriesgarte a confiar en m? Muy bien.
      Daniel habl con tranquilidad, pero haba un brillo en sus ojos que indicaba que estaba perdiendo la paciencia con ella, y entonces, para horror de Christa,
solt los remos, y mientras ella se qued mirndolos pasmada, vindolos alejarse por el agua, Daniel se levant con un movimiento rpido y se meti en el agua.
      -Daniel, qu ests haciendo? No puedes dejarme as! -protest Christa aterrorizada viendo como l se soltaba de la piragua y empezaba a nadar hacia la orilla.
      Daniel se detuvo y la mir.
      -Ha sido tu eleccin, Christa.
Su eleccin? Su eleccin ser abandonada en medio de un lago enorme y fro?
      Daniel estaba a varios metros de distancia, y obviamente no tena intencin de regresar.
      El pnico se apoder de Christa, pero su orgullo no le dej llamarle. Uno de los remos an flotaba cerca. Usando sus manos, Christa se dirigi hacia l y se
estir para alcanzarlo, pero no estuvo lo suficiente cerca y se estir demasiado.
      Lo que experiment cuando la canoa se dio la vuelta y cay al agua, hizo que el miedo que le daba Clarence se redujera a nada.
      Hizo todo lo que saba que no deba hacer, desde gritar y tragar agua a retorcerse en el agua en lugar de mantenerse quieta, convencida de que haba llegado
su hora y estaba a punto de ahogarse.
      Cuando se dio cuenta de que la canoa se haba enderezado, que ella ya no estaba en el agua y que Daniel haba vuelto y estaba subiendo delante, en lugar de
aliviarse, sinti una gran furia y rabia. Tan intensa que empez a temblar y no pudo hablar.
      Pero no dur mucho.
      En cuanto Daniel llev de nuevo la piragua al embarcadero, Christa subi la escalera y le esper, con una postura agresiva y expresin acusadora.
      -Lo hiciste deliberadamente, verdad? Intentaste ahogarme.
      -No, Christa. Te entr pnico y volcaste la piragua, pero te prometo que no estabas en peligro de ahogarte.
      -Eso dices t... Qu diablos intentabas hacer?
      -Intentaba mostrarte los beneficios de confiar en otro persona.,
      -Y me castigaste cuando me negu a hacerlo, aterrorrizndome.
      -T misma te castigaste. No tenas nada que temer.
      -Ah, ya veo. Si no puedes conseguir que la gente est de acuerdo contigo voluntariamente, les obligas aterrorizndoles. Bueno, no funcionar conmigo, Daniel.
En mi opinin, slo eres un hombre arrogante, irresponsable...
      Para su consternacin, no pudo continuar. Le empezaron a castaetear los dientes, y las piernas se le pusieron tan dbiles que lo nico que la mantena erguida
era su fuerza de voluntad.
      Desde la distancia, oy a Daniel hablndole.
      -Se te ha ocurrido pensar que los mismos adjetivos se te pueden aplicar a ti, Christa? Christa!
      Ella oy el modo en que cambi su voz, la preocupacin reemplazando al enojo, pero el sonido pareca llegarle desde muy lejos, y la sensacin de estar entre
sus brazos la llen de calor y bienestar.
      Obviamente, su remojo en el agua la haba afectado ms de lo que se haba dado cuenta. Cinco minutos despus, estaba de pie sin protestar y extraamente dcil
bajo el chorro caliente de una de las duchas del cobertizo, mientras Daniel estaba a su lado, quitndole el traje isotrmico.
      -Te pondrs bien, Christa. Ha sido el shock, eso es todo.
      Daniel cerr el agua caliente y la envolvi en una enorme toalla. Pero sus ojos se oscurecieron antes de que apartara la mirada con decisin de su cuerpo desnudo,
y sus manos temblaron brevemente cuando la toc.
      Y bajo el shock que an haca que sus dientes castaetearan y le temblara el cuerpo, Christa sinti un triunfo femenino al darse cuenta de cmo le haba afectado
a Daniel ver su cuerpo desnudo, que casi haba tenido miedo de mirarla o tocarla.
      En cuanto Daniel se asegur de que Christa no estaba en peligro, la dej para vestirse mientras l tambin se cambiaba.
      Media hora despus, cuando ella estaba sentada a su lado mientras l conduca el Land Rover hasta la granja, Christa segua furiosa, consigo misma y con l.
      -Cmo te encuentras ahora?
      -Bien, y no gracias a ti. Dios sabe qu intentabas demostrar, pero...
      -No estaba intentando demostrar nada -le interrumpi Daniel muy seco.
      Christa vio la furia en sus ojos y la oy en su voz, pero en lugar de sentirse satisfecha de haber traspasado su imparcialidad profesional,
      sinti un desagradable nudo en la garganta.
      -No creo que nunca haya conocido a nadie tan empeado a aferrarse a sus prejuicios como t, Christa. De qu tienes miedo realmente?
      -El hecho de que no puedas hacerme cambiar de opinin no significa que tenga miedo - dijo ella con vehemencia.
      Pero saba que no estaba siendo totalmente honesta, y no pudo soportar el modo en que l la mir a los ojos. Apart la cabeza y se ruboriz levemente.
      -De todos modos, qu esperabas? -aadi agresiva para ocultar su vulnerabilidad-. Que ese pequeo sermn que me echaste en el lago me hiciera echarme a tus
brazos y te declarara mi eterna confianza en ti?
      -Nada tan teatral. Una simple disposicin a escuchar sin prejuicios. Eso era todo lo que quera de ti, Christa, pero por supuesto, podra haber pedido tambin
la luna, verdad? -pregunto, frenando con tanta fuerza en una curva que Christa cay sobre l.
      El olor de su piel, limpia y levemente a jabn, hizo que le diera un vuelco el corazn, tanto que se clav las uas en las palmas para evitar gritar de la
impresin.
      Cmo poda responder tanto a l?
      Fue una pregunta que continu atormentndola durante el resto del da, y su preocupacin haca que Daniel la mirara con el ceo fruncido.
      -Christa... Ests segura de que te encuentras bien?
      -Qu ocurre? Tienes miedo de que pueda morir de neumona o algo as?
      -S lo decidida que ests a desacreditar mi trabajo, pero dudo que incluso t quisieras llegar tan lejos.
      -No ests tan seguro. Quizs incluso mereciera la pena.


      -Qu te pasa, Christa?
      Daniel se par en medio de una explicacin de sus teoras y mtodos.
      Estaban en su despacho, una habitacin clida y alegre decorada en tonos tierra y verdes, estanteras llenas de libros, un fuego ardiendo en la chimenea. Todo
era relajarte. Pero relajarse era lo ltimo que poda hacer Christa, y menos cuando Daniel regres de alimentar el fuego y se puso a su lado. Ella estaba frente
a la mesa estudiando los papeles que l le haba dado.
      Cuando se inclin, poniendo una mano en el respaldo de la silla y otra en la mesa, cerca de la suya, Christa not que empez a acalorarse, y con ello, el pnico
aceler su corazn y la sangre le zumb en los odos.
      Poda olerle, y no slo era el olor a aire fresco que llev con l cuando sali a por troncos, sino que poda olerle a l.
      Darse cuenta de que poda sentirle tan ntimamente, hizo que el rubor de su piel aumentara y que su cuerpo empezara a temblar.
      Su mente se llen de rpidas imgenes... Daniel abrazndola, desnudo a su lado, tocndola, lleno de sudor...
      -Christa, qu ocurre? Te est ardiendo la cara...
      -Estoy bien... no es nada... Hace mucho calor aqu... Me puse de pie junto al fuego cuando te marchaste -minti.
      Daniel frunci el ceo.
      -Para una mujer que ha dejado muy clara su opinin sobre mi trabajo aqu, no has discutido mucho nada de lo que te he dicho.
      -No es porque haya cambiado de opinin -le dijo, aliviada de estar en terreno seguro-. En teora, lo que ests diciendo suena bien, muy elevado y altruista.
      -Pero t no lo aceptas.
      Estaba mirndola con intensidad... con demasiada intensidad.
      -Por qu, Christa?
      -Por qu? -repiti ella de forma estpida, dndose cuenta de que Daniel segua esperando su respuesta.
      -S. Por qu no aceptas que mis motivos sean altruistas?
      -Bueno, para empezar, est lo que le cobras a las personas para asistir a tus cursos. Eso no es altruista, verdad?
      -Quizs no, pero son un justo reflejo de lo que cuesta una aventura as, para proporcionar la instruccin profesional necesaria.
      -Y para que t puedas sacar buenos beneficios -termin Christa.
      En ese momento sinti que realmente le haba molestado.
      -Es eso lo que piensas de m? -pregunt despacio.
      -Esto no tiene nada que ver con lo que pienso de ti... a nivel personal -se defendi Christa.
      -S -la contradijo Daniel-. Cuando algo te altera emocionalmente tu voz cambia completamente... Puedo or el disgusto y el desprecio... y tambin el miedo.
Qu es, Christa? Qu hay en m que encuentras tan desagradable? Lo que yo soy o lo que hago?
      -Ninguna de las dos cosas -replic ella demasiado rpidamente-. No... no me gusta la idea de que otras personas sean engaadas... lastimadas.
      Balbuce, deseando no haberse metido en esa conversacin y queriendo escapar.
      -Y piensas que yo hara eso?
      Una negativa inmediata acudi a sus labios, pero la reprimi.
      -No te conozco lo suficiente para saberlo.
      Para su sorpresa, Daniel sonri.
      -Eres una luchadora. Hay cierto estmulo en discutir algo con alguien que tiene claro lo que piensa y no teme decirlo. Provoca cierta energa... una qumica
en la discusin, no muy distinta de la qumica especial que crean dos personas que se sienten fuertemente atradas sexualmente.
      Como si estuviera en trance, Christa se qued muy quieta, y, slo se movan sus ojos por la cara de Daniel. El pareca muy tranquilo, como si nunca hubiera
hecho esa referencia a la qumica sexual y no hubiera dejado esas palabras suspendidas en el aire.
      -Pero a los hombres no les gustan las mujeres que discuten con ellos, que son demasiado independientes -le dijo rpidamente.
      -No? Eso es un mito. Los hombres inteligentes, los hombres verdaderos sienten lo mismo por las mujeres que aceptan pasivamente sus palabras como ley que por
las mujeres que pasivamente aceptan su intimidad en el sexo.
      Christa no puedo evitarlo. Sinti por todo su cuerpo el calor que provocaron sus palabras.
      -El sexo... hacer el amor -continu Daniel-, como una buena discusin, debera tratar sobre mutua intensidad, participacin mutua.:. un deseo mutuo de compartir
lo que est sucediendo... No ests de acuerdo?
      -El sexo por el sexo no me interesa -le dijo Christa, forzando su tono a sonar despectivo y brusco.
      -No, ni a m. Pero realmente no veo qu placer puede haber en una intimidad fsica que no incluya tambin una intimidad emocional e intelectual. Y eso posiblemente
explique por qu me he vuelto clibe sin querer -termin pesaroso.
      Clibe? Ese hombre?
      A Christa le dio un vuelco el corazn y empez a latirle con fuerza.
      -Te ocurre algo? -le pregunt Daniel.
      -Nada... Es que los hombres... la mayora de los hombres no diran... no revelaran eso.
      -Quizs porque hayan aprendido que las mujeres no quieren escuchar. Algunas mujeres encuentran amenazadoras las emociones y vulnerabilidades masculinas.. No
es lo que les han educado para esperar de un hombre. Mira a un nio pequeo con su madre, fjate en las diferencias del modo en que ella le trata a l y a su hermana...
del modo en que la sociedad espera que le trate. Una vez llegan a cierta edad, se desanima a los chicos a ser abiertos respecto a sus necesidades emocionales. Pero
las tienen, y tambin los hombres... Cules son tus necesidades emocionales, Christa? -le pregunt suavemente, pillndola desprevenida.
      -Yo... no quiero hablar de ellas -consigui decir-. Y no estoy aqu para eso.
      -No. Ests aqu para comprobar la eficiencia de nuestro trabajo, al menos en la superficie, pero hay ms que eso, verdad, Christa? Hay un asunto personal
oculto en alguna parte, dentro de ti, algo que quizs no sea un miedo y tampoco una obsesin, pero algo que tienes muy metido en la cabeza.
      Christa se levant.
      -Basta -dijo desesperada-. No tengo que escuchar nada de esto.
      -Christa...
      Casi haba llegado a la puerta y a la libertad, pero l la alcanz cuando la iba a abrir, poniendo su cuerpo entre medias y abrazndola. Pero esa vez, el cuerpo
y los sentidos de Christa registraron las sutiles diferencias en ese abrazo.
      -Lo siento, lo siento... No quera molestarte. Slo quera...
      Instintivamente, al or sus suaves palabras, Christa levant la cabeza.
      Fue un error fatal. Dese abrazarle, apretar su cuerpo a l. Cerr los ojos para bloquear la visin delante de ella, pero no sirvi. Con los ojos cerrados,
los otros sentidos se agudizaron. Poda or su respiracin y sentir sus rpidos latidos.
      Cuando abri los ojos, l la estaba mirando fijamente.
      -Christa... Abre la boca y deja que te bese...
      Sus palabras provocaron en ella una reaccin tan fuerte que tuvo que sujetarse a l para no caer, y hacer exactamente lo que le haba pedido, no porque l
lo hubiera dicho, sino porque su propia necesidad de experimentar la intimidad de su lengua explorando el interior de su boca era demasiado fuerte.
      Christa empez a delirar de placer. La sensacin de que l chupara suavemente su lengua mientras se la meta en la boca, el modo en que sus labios se abran
y acariciaban sus labios, la hicieron desear que la acariciara y la liberara de la restriccin de su ropa.
      -Dios, te deseo... Te deseo muchsimo.
      La cruda pasin en las palabras de Daniel la hicieron volver a la realidad, y se aterroriz al sentir que su control se desvaneca.
      Pero tena que resistirse.
      -No -gimi angustiada.
      Pero fue un sonido tan dbil que no crey que Daniel lo hubiera odo. Pero si lo oy, y la solt... despacio y de mala gana.
      Christa estaba temblando tanto que apenas se poda mantener de pie.
      -Lo siento -murmur Daniel-. No quera que esto sucediera. No fue planeado... Slo... -inclin la cabeza y baj la voz-. Las cosas se descontrolaron.
      Pareca un hombre que hubiera recibido un fuerte golpe.
      Pero al instante, Christa volvi a asustarse, aunque de modo diferente.
      El la estaba mintiendo, engandola, manipulndola. No deba confiar en l, porque una vez lo hiciera... No era el tipo de hombre a quien ella quisiera entregar
su corazn.
      -Es curioso, verdad? -aadi Daniel-. Algo tan inofensivo como un beso puede ser letal. No me extraa que le llamen qumica sexual. Esto que ha ocurrido entre
nosotros ha sido bastante explosivo.
      -Nosotros? No existe un "nosotros" - dijo Christa furiosa-. Lo sucedido ha sido un error.
      -Nuestros cuerpos no parecieron pensarlo. Al contrario.
      -Yo... yo estaba pensando en otra persona -minti Christa-. No soy una tonta. S que muchos profesores, normalmente varones, ven como adicin a su trabajo
el dominar sexualmente y esclavizar a sus alumnas. Normalmente es el tipo de hombre que no es capaz de mantener una relacin con una mujer que sea su igual. Su ego
no puede con ello.
      Levant la mirada a los ojos de Daniel. Lo que vio all le hizo desear no haber mirado. Nunca le haba visto tan enfadado. Nunca haba visto tanta frialdad
en los ojos de una persona ni haba presenciado esa furia silenciosa.
      -Si realmente piensas que eso es cierto - le dijo muy despacio al fin-, entonces yo he cometido un error de juicio mayor que t.
      Sin darle la oportunidad de responder, se gir y se dirigi a la puerta.
      Christa aguant la respiracin, medio esperando que se detuviera, diera media vuelta y sonriera, y sugiriera que discutieran todo eso, como siempre que ella
haba dicho algo defensivo y duro.
      Pero no lo hizo. Simplemente abri la puerta y se march, dejndola tcnicamente victoriosa al ser l el que se fue. Pero Christa no se sinti victoriosa.
Se sinti mezquina y baja. Y lo que era peor, se sinti como si de algn modo hubiera perdido algo muy importante... Algo o a alguien.


      Captulo 5
      DESDE su asiento en el jardn de la casa, Christa observaba a Daniel trabajar, reconstruyendo la inestable pared de piedra que separaba el jardn de las tierras
de cultivo.
      Al principio le asombr y tambin le pareci irrisorio que un hombre de la inteligencia y cualificaciones profesionales de Daniel pudiera encontrar satisfaccin
en semejante tarea. Se lo dijo, pero l simplemente le contest que estaba equivocada,- que el trabajo que haca requera conocimientos en los que l era slo un
aficionado, y que haba algo igualmente satisfactorio, aunque de modo diferente, en reconstruir la pared como en ayudar a la gente a ampliar sus percepciones de
la vida y a realizarse fuera de los estrechos lmites del prestigio profesional y el dinero impuestos por la sociedad moderna.
      Haban pasado tres das desde que l sali del despacho dejndola sola. Tres das en los que l haba sido educado y agradable con ella, pero tambin distante
y remoto.
      Su actitud hacia ella era estrictamente profesional. A Christa le pareca ridculo haberle acusado de tener la clase de ego que necesitaba la adoracin de
los alumnos. Ms bien daba la impresin de que cualquier intento por su parte de estrechar la distancia que l haba creado, era recibida con un firme rechazo.
      Christa cambi de postura en su asiento de madera y vio la mancha oscura en sus pantalones. Tener un vestuario slo con ropa de tonos crema, miel y blanco,
en su vida normal reflejaba buen gusto, pero esos colores no eran los ms apropiados para ese estilo de vida.
      Dudaba que la camisa de seda beige que llevaba en ese momento se lavara tan bien como la camisa de trabajador que llevaba Daniel, pero ella no era el tipo
de mujer a quien le sentaran bien las ropas prestadas de un hombre. No era lo suficientemente alta y su cuerpo tena demasiadas curvas femeninas.
      Demasiado femeninas... En ese momento el viento aplast la camisa contra su cuerpo, marcando sus pechos.
      Pero no tena que preocuparse. Otra mirada en direccin a Daniel demostr que estaba completamente concentrado en lo que haca. Tena el pelo alborotado y
bajo su camisa, Christa vio el movimiento de sus msculos cuando levant otra piedra. De mala gana, continu mirndolo, fascinada en contra de su voluntad por la
masculinidad de su cuerpo, su poder y su fuerza...
      Apart la mirada rpidamente. Se le haba puesto la boca seca.
Qu le pasaba? Haba visto anteriormente hombres igual de atractivos... docenas, especialmente en los desfiles de modelos a los que asista frecuentemente
y en sus viajes, donde los hombres de piel dorada y facciones oscuras llegaban cerca de la perfeccin clsica.
      De ningn modo era Daniel atractivo en ese sentido. Su rostro era demasiado masculino, demasiado duro, y sus ojos eran del color equivocado. Quin haba odo
hablar de un hombre con ojos tan claros echando a una mujer miradas que le ponan la piel de gallina? No. Si ella quera tener semejantes deseos hacia un hombre,
haba otros mucho ms apropiados para el puesto.
      Frunci el ceo, tratando de concentrarse en el libro que le haba dado Daniel para que leyera. Los puntos de vista de su autor eran dignos de elogio, pero
demasiado idealistas, y as se lo dijo ella a Daniel.
      -Sabes cul es tu problema? -replic l-. Eres una cnica porque tienes miedo de librarte de lo que se ha convertido en una coraza protectora. No te atreves
a confiar ni a creer por si terminas sufriendo, y por eso has creado un muro protector entre ti y otras personas.
      -Es posible. Pero al menos as estoy segura.
      -Segura de qu?
      -De todo lo que le sucede a las personas demasiado crdulas.
      -El qu les sucede?
      Pero Christa no le contest, no queriendo continuar con un tema de conversacin tan doloroso.
      A veces senta que nunca superara la culpa de haberse dejado engaar por Piers.
      Si no le hubiera escuchado cuando l le cont que Laura estaba teniendo una depresin, que continuamente le acusaba de engaarle con otra mujer cuando no era
cierto... Si hubiera credo a Laura y la hubiera ayudado, quizs su amiga siguiera viva.
      Pero fue ms fcil creer al mentiroso y hbil Piers que escuchar a Laura.
      -Has sido alguna vez demasiado crdula, Laura? -le pregunt Daniel con suavidad.
      -No quiero hablar de ello -replic ella furiosa.
      -Tan crdula y herida que el dolor nunca ha desaparecido, y te ha vuelto contraria a confiar -dedujo Daniel-. Quin fue l? Un amante? Tu primer amante?
      -No. No fue mi amante. Era el marido de mi mejor amiga. Era un mentiroso y un tramposo y la rompi el corazn y la llev a la muerte. El...
      Se detuvo, horrorizada del modo en que le estaba hablando de su vida. l tena la habilidad de conseguir eso, que ella se comportara de un modo poco propio
de su carcter.
      Daniel le dijo que eso era liberar el lado oculto de su personalidad.
      Recordando esa discusin, Christa apart la mirada de Daniel y se fij en la casa. Era de buenas proporciones y robusta, y algo en ella le recordaba la casa
que comparti con sus padres.
      De adolescente, Christa siempre quiso llegar a casarse, tener una gran familia y encontrar el amor y seguridad que perdi con la muerte de sus padres.
      Slo una jovencita poda creer en esos cuentos de hadas. Los maridos no siempre seguan amando a sus mujeres, ni los hijos a sus padres. Ella estaba mucho
mejor en su estado...
      -Es casi la hora de almorzar.
      Perdida en sus pensamientos, Christa no oy acercarse a Daniel, y su cuerpo la traicion con la reaccin a su proximidad. Sus msculos se volvieron rgidos,
y esa rpida contraccin la hizo empezar a temblar.
      Daniel estaba demasiado cerca para no notar lo que le estaba pasando. Ella sinti que la cara le empezaba a arder y rpidamente la gir hacia otro lado.
      -Ests temblando. Deberas llevar algo ms grueso.
      Pensaba que tena fro. Christa cerr los ojos aliviada.
      -Y ms prctico.
      Antes de que ella pudiera detenerle, Daniel se inclin y toc con un dedo la marca sucia en sus pantalones.
      Instintivamente, ella se apart, incapaz de soportar la reaccin de su cuerpo a su roce. Sinti el muslo ardiendo cuando su dedo lo roz, y el calor, desde
ese punto pareca palpitar y extenderse por todo su cuerpo hasta que lleg a una de las partes ms sensibles de su ser, llenndola de una necesidad tan intensa que
sinti que los ojos le empezaban a arder con las lgrimas del dolor.
      -Tendremos que empezar a caminar pronto. Han anunciado nieve para finales de la semana.
      -A caminar? -pregunt Christa confundida.
      Su comentario fue tan distinto a sus pensamientos que fue casi como si l hubiera hablado en un idioma extrao.
      -S. El folleto explicaba que una parte muy importante del curso consiste en una serie de paseos por la montaa cuidadosamente estructurados, culminando en
un paseo final por parejas que tienen que dirigirse a un punto especfico y slo dependen el uno del otro.
      -Quieres decir que se les abandona en esas montaas? No es peligroso?
      -Lo sera si eso fuera lo que hiciramos, pero su progreso es controlado y observado cuidadosamente para que no sufran ningn dao. El propsito del ejercicio
no es asustarles sino que lleguen a confiar y depender de otros.
      Christa se estremeci.
      -Y si algo va mal? Si uno se lastima, se cae y se vuelve totalmente dependiente de su parej a?
      -Eso no sucedera. Pero si as fuera, la relacin que hubieran construido, la sensacin mutua de confianza y responsabilidad, le asegurara a la persona que
se quedara detrs que su pareja ira a por ayuda.
      -Yo nunca confiara tanto en nadie -declar Christa vehemente-. Nunca.
      Mir hacia las. montaas, pensando lo asustada que se sentira si se perdiera all arriba, sola, y posiblemente herida e incapaz de moverse. De ningn modo
podra confiar en alguien para que le buscara ayuda. De ningn modo. Antes se arriesgara a lastimarse ms, arrastrndose con las manos y rodillas si tena que hacerlo,
dependiendo slo de s misma.
      -Has pensado alguna vez que tu miedo a confiar podra tener sus races en la muerte de tus padres?
      La pregunta la dej paralizada y furiosa.
      -Por qu iba a ser as? No fue su culpa que murieran, y adems, yo tena a mi ta abuela. Ella me dio un hogar.., amor...
      -Pero ella no era tu padre ni tu madre - seal Daniel con suavidad-. Y una nia no siempre razona de modo tan lgico como un adulto. De adulto, sabes que
la muerte de tus padres fue un accidente que escap a su control. De nia, al igual que una sensacin de prdida y miedo, pudiste haber sentido rabia contra ellos
por haberte abandonado.
      -No -neg Christa con demasiada rapidez.
Cmo haba podido adivinar l esos sentimientos oscuros de amargura y rencor que ella haba luchado tanto por reprimir en los meses siguientes a la muerte
de sus padres, cuando a veces sinti casi que les odiaba por haberla dejado sola?
      -Y qu hay de ti? -le ret, tratando de apartar esos recuerdos dolorosos-. Segn tu razonamiento, debiste sentirte culpable por la muerte de tu padre.
      Incluso a pesar de su furia, Christa no poda ser tan cruel para usar la palabra "suicidio".
      Durante un momento pens que l no iba a responder, pero cuando lo hizo, la sorprendi.
      -S, as fue... Y a veces an me siento as. Aceptar esos sentimientos, aprender a vivir con ellos en lugar de reprimirlos o negarlos fue una de las cosas
ms duras y aterradoras que he tenido que hacer. Renunciar al castigo autoinfligido de esos sentimientos y dejar de inventar excusas por todas las cosas que no haca
debido a ellos, fue muy, muy duro. Los sentimientos negativos pueden volverse tan adictivos y peligrosos como un droga. Piensa en ello -dijo empezando a alejarse
de Christa.
      Ella se levant furiosa, decidida a refutar lo que l haba dicho, pero solt un grito cuando el viento le meti arena en los ojos, hacindola pestaear y
frotarse automticamente los ojos llorosos.
      Daniel se gir cuando oy su grito y corri hacia ella.
      -Qu ocurre?
      -Nada... Slo me ha entrado algo en el ojo.
      -Djame ver.
      -No.
      Empez a apartarse de l, sabiendo qu le causara su proximidad a sus sentidos. Pero fue demasiado tarde. Daniel estaba a su lado, sujetando con una mano
su cara y con la otra girndola hacia la luz.
      Incluso a pesar del dolor en el ojo lloroso, Christa sinti perfectamente la textura de sus palmas rugosas y sus dedos en su piel.
      Se estremeci. Sus pezones se endurecieron, rozndose contra la seda de su camisa; una reaccin que no tuvo nada que ver con el fro.
      Lo habra visto Daniel?
      -Mira hacia arriba.
      Instintivamente, ella desobedeci su orden, pestaeando con ms rapidez y frotndose el ojo de nuevo, haciendo que la suciedad atrapada bajo su prpado le
irritara la zona tierna an ms.
      Con el ojo lleno de lgrimas, intent apartarse de Daniel, pero l no la dej. -No te muevas.
      -Sultame. Todo lo que necesito es sonarme la nariz y eso me librar de...
      -No lo creo. Veo lo que est causando el problema. Hay arenilla bajo tu prpado inferior.
      -Ya lo s -declar Christa irritada-. Es mi ojo, recuerdas?
      -Tenemos que entrar para que pueda lavarlo -dijo Daniel, ignorando su comentario infantil-. Intenta no pestaear mucho.
      Cuando la solt, Christa se gir hacia la casa, e inmediatamente grit cuando la arenilla se movi, causndole ms dolor.
      -No te muevas.
      Esa vez lo obedeci, ms porque no tena otra opcin que porque quisiera hacerlo. Con los dos ojos muy apretados contra el dolor, no poda hacer otra cosa.
      -Apyate en m.
      Su brazo la rode, sujetndola con firmeza contra su costado.
      -Sigue con los ojos cerrados si as te sientes mejor. Ahora vamos a entrar...
      -No puedo -protest Christa-. No puedo andar con los ojos cerrados.
      -Puedes si te apoyas en m. Todo lo que has de hacer es confiar en m.
      -No... Me las puedo arreglar sola.
      -Es posible, pero no lo hars...
      Christa solt un grito de indignacin cuando sinti que l la levantaba del suelo entre sus brazos. Iba a llevarla a la casa... Imposible. No poda hacerlo...
      Pero pareca que s, y con menos esfuerzo y cansancio del que ella haba esperado.
      Cuando la dej en el suelo de la cocina, Christa se dio cuenta de algo. Pestae varias veces.
      -Ya no est -dijo triunfante.
      -Dj ame ver.
      Obediente, levant la cara hacia l, tragando saliva al darse cuenta de lo cerca que estaban, y que el roce de sus dedos haba cambiado y se haba vuelto menos
clnico y ms... Trag saliva de nuevo. Su cabeza le deca que se apartara de l lo ms rpido que pudiera, mientras su cuerpo le susurraba que se quedara y se arriesgara
a las consecuencias.
      -Tienes idea de lo mucho que te deseo, Christa?
      La declaracin la dej perpleja. Los diminutos crculos que Daniel estaba trazando por su piel con los dedos estaban provocando una reaccin sensual en su
cuerpo que la animaba a acercarse ms a l, a cerrar los ojos y absorber mejor las sensaciones.
      -No puedes desearme -protest Christa dbilmente, sin conviccin.
      -T tambin me deseas.
      -No -minti Christa.
      Daniel ignor sus protestas.
      -Si permitiera que mi cuerpo se saliera con las suya, estaras en mi cama, en mis brazos, bajo mi cuerpo, sin nada entre nosotros excepto el aire que estaramos
luchando por respirar... Oh, Dios, no hagas eso...
      Gru cuando ella respondi instintivamente a sus palabras, moviendo su cuerpo contra el de l, cerrando los ojos y dejando que lo que estaba diciendo le acariciara
la piel.
      -Hacer qu? -pregunt Christa con voz ronca, disfrutando del poder que tena sobre l.
      -Lo sabes muy bien,
      Las manos de Daniel se metieron en su pelo, levantndole la cara hacia arriba.
      -Tengo que decirte lo que me haces, Christa? -susurr junto a sus labios-. Tengo que decirte lo que me haces sentir... lo que me haces sufrir?
      Su mano abandon su cara. Entrelaz sus dedos con los de ella, los subi a su boca y muy despacio, bes y chup cada uno de ellos.
      Una corriente sensual llen el cuerpo de Christa. Gimi de placer y su cuerpo se estremeci suavemente.
      -Veo que te gusta -susurr Daniel-. A m tambin. Me encanta el sabor de tu piel... Adoro su textura, su olor. Y adoro el modo en que respondes a m.., ese
suave gemido y ese estremecimiento. Quiero saborear cada centmetro de tu cuerpo... Empezando por aqu -le bes la frente-, y luego aqu -le bes la boca-, y luego
aqu... -sus labios rozaron la base de su cuello-, y luego aqu...
      Otro gemido escap de los labios de Christa cuando sus dedos rozaron el contorno duro de un pecho.
      -Pero sobre todo... Sobre todo quiero tocarte y saborear tu verdadera esencia...
      Era intil que Christa intentara ocultar su reaccin y la excitacin fsica que le haban provocado sus palabras.
      Quera decirle que ella tambin le deseaba, pero no se atreva a decir las palabras. En lugar de eso, le toc la barbilla y sigui con los contornos de su
cara, mientras su corazn pareca a punto de salirse de su pecho.
      -Casi haba renunciado a creer que algn da te conocera, sabes? -dijo Daniel girando la cara para besar sus dedos-. La mujer que me hace sentir as...
      -As? -pregunt Christa con voz drogada, suave y cremosa por la satisfaccin de ser tan intensamente deseada.
      -Como si no hubiera ni un centmetro de ti que no quiera conocer. Ni un pensamiento ni una sensacin que no quiera compartir... ni un segundo de tu vida del
que no quiera formar parte.
      -Pero no puedes sentir todo eso por m - protest Christa.
      -No?
      Daniel estaba besando de nuevo sus dedos, pero sin dejar de mirarle la boca. Christa cerr los ojos y sinti sus manos sujetar su cara.
      -No, no cierres los ojos. No intentes esconder tus sentimientos de m. Quiero compartirlos, igual que t quieres compartir los mos.
Cmo poda el simple acto de tener los ojos abiertos y mirar profundamente a los de la otra persona a quien se besaba, provocar un grado tan intensoo de intimidad?
Una intimidad ms profunda que el beso hambriento que estaban compartiendo.
      Mirar sus ojos y permitir que l mirara los suyos mientras Christa era tan emocionalmente vulnerable y estaba tan excitada fsica y emocionalmente, era un
acto mucho ms ntimo que si se hubiera puesto de pie desnuda delante de l. Un acto tan intenso y privado y de tanto abandono que requera casi tanta confianza
como el orgasmo.
      De pronto, las sensaciones la abrumaron. Christa cerr los ojos y todo su cuerpo empez a temblar mientras se apoyaba sobre l.
      -No... -susurr-, no puedo... yo...
      El pareci entender. La abraz y la meci como si supiera que ella necesitaba consuelo ms que sexualidad.
      Si l poda hacerle sentir as slo besndola, qu pasara cuando... ?
      -Tengo miedo -admiti Christa, ya que sus sentimientos haban roto la barrera normal de desconfianza.
      -Lo s. Yo tambin lo tengo -Daniel le levant la cabeza para mirarla-. Qu es lo que ms temes, Christa? Que yo slo pueda querer sexo de ti o que sabes
que quiero mucho ms?
      -Yo no quiero amarte -declar Christa violentamente-. No quiero esa clase de riesgo... No estoy preparada para esto...
      -Y crees que yo s? Piensas que alguien lo est alguna vez?
      -No puedo acostarme contigo. Yo no... no he... no... Tenemos que pensar en sexo seguro.
      -No te estoy pidiendo que te vayas a la cama conmigo -le dijo Daniel-. Nos quedan an tres semanas ms de curso, y hasta entonces... Quiero que las cosas vayan
bien entre nosotros, Christa. Quiero que podamos concentrarnos en nosotros mismos, el uno en el otro, sin barreras... Y en cuanto al sexo seguro...
      La mirada que le ech a Christa hizo que le diera un vuelco el corazn.
      -Sexo seguro es lo ltimo que quiero tener contigo. No hay nada seguro en lo que siento por ti, en el modo en que te deseo, y en cuanto al sexo... El sexo
tampoco es lo que yo quiero. Lo que quiero de ti... lo que quiero darte, compartir contigo, est todo lo lejos del sexo seguro que puede estar. Quiero tenerte entre
mis brazos y hacerte gritar de gozo y placer. Quiero abrazarte y mirarte mientras te hago parte de m en la forma ms ntima y completa en que un hombre y una mujer
se pueden unir. Deseo quererte y protegerte. La delicadeza de tu piel y tu cuerpo me deja sin respiracin, y casi me da miedo tocarte, pero al mismo tiempo, quiero
penetrarte tan profundamente que tu piel guarde el recuerdo de m para siempre. Quiero despertarte por las maanas y ver los suaves roces de color de haber hecho
el amor coloreando tu piel. Y sean cuales sean esas necesidades, digan lo que digan de m, decididamente, no son sexo seguro...
      -No, no lo son -replic Christa dbilmente.
      Ningn hombre le haba hablado antes as, la haba excitado tan intensamente, tanto emocional como fsicamente, simplemente con el sonido de su voz, el mensaje
de sus palabras.
      -Y en cuanto al resto -continu Daniel, ms controlado-, te prometo que no tienes que preocuparte de nada... La ltima vez que me acost con una mujer, me
avergenza decir que fue ms por compasin que por deseo. Era una vieja amiga, estudiamos juntos, que vino a m en busca de... consuelo, cuando su marido la abandon.
Estaba muy vulnerable, sabiendo que la chica por la que su marido la dej era diez aos ms joven, y tema no seguir siendo una mujer sexualmente deseable. Haberla
rechazado...
      Christa trag saliva. Sospechaba por lo que Daniel le deca que no fue l quien dio el primer paso. Las lgrimas nublaron momentneamente su visin. Qu mujer
poda resistirse a amar a ese hombre? Desde luego, ella no.
      -Ahora ha encontrado pareja y son muy felices juntos -continu Daniel.
      Pero Christa slo le oy a medias. Lo amaba. La idea la llen de emociones y necesidad.
      -Y antes de eso... llevaba siendo clibe ms tiempo del que me gusta admitir...
      -Como yo -se oy decir Christa-. De hecho, para ser honesta, slo ha habido... Bueno, fue algo de instituto.... ms curiosidad que otra cosa, y porque... bueno,
hay cierta vergenza en que una mujer siga virgen despus de cierta edad. Despus tuve una relacin muy breve, pero termin cuando una amiga ma se puso... enferma...
      Christa se call y apart la mirada de Daniel. Ella y Chris haban estado a punto de hacer el amor cuando Laura llam a su puerta, aterrorizada, diciendo que
su marido la odiaba y slo se haba casado con ella por su dinero.
      A Chris no le gust el tiempo que ella tuvo que pasar con Laura, y la acus de que su amiga significaba para ella ms que l. As que su relacin termin antes
de comenzar, sin arrepentimientos por ningn lado.
      -No tengo... mucha experiencia -le dijo a Daniel-. El sexo nunca ha sido muy importante en mi vida.
      -Yo no admitira algo as, y menos hoy en da. Pero hay algo en una mujer que obviamente no lleva el tipo de vida que significa que es muy sofisticada sexualmente,
una mujer que tiene que decirle a un hombre que no est usando ningn anticonceptivo regularmente... Hay algo que es muy ertico, que hace a un hombre sentirse especial...
muy masculino. 0 al menos as me hace sentir a m -Daniel sonri-. Y no creo que aunque te hubieras atrevido a traer un paquete de condones, seras el tipo de mujer
que fanfarroneara de su experiencia al ponerlos.
      -Puedo no fanfarronear, pero s hacerlo - le dijo Christa ruborizndose un poco-. Una de las hijas adolescentes de una amiga me lo ha explicado. Les hicieron
una demostracin en el colegio... con un pepino...
      -Un pepino? -Daniel solt una carcajada-. Y las mujeres se preguntan por qu los hombres tenemos egos sexuales tan frgiles. Bueno, nosotros podremos hacerlo
mejor - murmur abrazndola-. Mucho mejor...
      -Podras mostrarme alguna experiencia prctica? -sugiri Christa rindose, devolvindole la broma.
      El tambin se ri, pero cuando su cuerpo se endureci de repente, la risa muri.
      -Tres semanas -dijo Daniel bajando los labios hacia ella-. Dios sabe cmo voy a esperar tanto. Bsame, Christa.
      No esper su respuesta, sino que impacientemente separ sus labios con la lengua. El movimiento de su cuerpo contra ella mientras perda el control y la delicada
exploracin de su lengua, se volvi urgente y excitante, estirando la tela de su sujetador sobre sus pezones hinchados, que ya estaban especialmente sensibilizados.
La friccin extra la hizo gritar y quedarse quieta.
      -Qu ocurre? -pregunt Daniel soltndola y mirndola.
      Christa se puso colorada. En lugar de esperar su respuesta, l baj la mirada por su cuerpo y vio el contorno rgido de sus pezones.
      -No tienes que avergonzarte -le dijo suavemente viendo su rubor y el gesto de su brazo cuando intentaba ocultar su cuerpo-. No, no lo hagas -dijo apartando
la mano de su cuerpo-. Me gusta verte as... Me gusta saber que me deseas. Me encanta...
      La solt el brazo y le toc los pechos suavemente, slo acariciando la curva con la punta de sus dedos, pero fue suficiente para hacer gemir de placer a Christa.
      -Quieres que pare? -pregunt Daniel.
      Pero antes de que Christa negara con la cabeza, l ya se haba inclinado y su boca estaba dejando un reguero de besos calientes por su piel, mientras sus dedos
le desabrochaban los botones de la camisa... Christa se arque contra l y finalmente sinti su respiracin sobre sus pechos desnudos.
      Mientras la boca de Daniel los recorra y sus dedos acariciaban los pezones endurecidos, Christa le puso la mano en la cabeza para acercarla ms a su cuerpo,
sin dejar de arquearse.
      Su gemido de alivio cuando finalmente su boca se cerr sobre un pezn, pas a gemidos de placer mientras l chupaba, despacio al principio y luego con ms
profundidad. El cuerpo de Christa empez a moverse contra l con un ritmo igual al de sus chupetones.
      Calor y placer irradiaban de su pecho por todo su sistema nervioso.
      Ms abajo en su cuerpo, haba empezado a sentir un gran deseo, y cuando Daniel le separ las piernas y meti una suya entre medias, ella se estir todo lo
que pudo contra l.
      Notar su propia ereccin a travs de su ropa, saber que l la deseaba, la hizo gritar su nombre de frustracin.
      -Lo s, lo s -murmur Daniel, soltando su pecho, con la cara caliente y hmeda mientras se apoyaba contra su cuerpo y la mano temblorosa mientras cubra un
pecho-. Lo he prometido y tenemos que parar. Lo s...
      No, no era eso lo que ella quera. Pero l ya la haba soltado y con rapidez la estaba poniendo la ropa. Finalmente se apart de ella.
      -No quiero que entre nosotros esto sea algo superficial e imprudente. Como t, no llevo encima los medios para tener sexo seguro, y una vez entre en ti, no
habr modo de que pueda parar. Y lo ltimo que querra...
      Se call, pero Christa no necesitaba que continuara. Haba querido decir que lo ltimo que querra sera que ella concibiera a su hijo... Por supuesto, tambin
era lo ltimo que ella querra, entonces por qu le dola tanto orselo decir?
      -De todos modos -aadi Daniel-, creo que ya es hora de que pasemos a temas de conversacin menos peligrosos. Maana iremos a la montaa. Te prometo que no
ser nada difcil. Pero necesitars ropa apropiada y botas... Qu ocurre? -pregunt cuando la vio morderse el labio inferior.
      -No tengo ropa apropiada, ni botas -le record-... Yo... el folleto....
      Se detuvo, sin querer mentirle, pero sin querer tampoco admitir la verdad.
      -Entiendo. Bueno, no es el fin del mundo. Como te dije, en el pueblo hay una tienda estupenda de deportes y montaismo. Iremos all a primera hora de la maana
para que te equipes.
      Mientras lo miraba, todo lo que Christa quera era volver a estar entre sus brazos. Pero Daniel tena razn, lo que sintieran el uno por el otro habra de
esperar hasta que finalizara el curso.
      Lo que le record que haba algo que tena que decirle.
      -Daniel... Esto... lo que ha pasado no me har cambiar de opinin... He de ser sincera contigo. An no creo que lo que ests haciendo aqu, pueda realmente...
      -El curso no ha terminado todava -le interrumpi Daniel-. Y no te preocupes, Christa. Lo ltimo que querra sera que tu juicio se alterara por nuestros sentimientos
personales. No soy el tipo de hombre que espera ni quiere que una mujer comparta mis opiniones. Al contrario.
      -Hay hombres que disfrutan controlando a una mujer mediante el sexo -le indic Christa. -S, pero yo no soy uno de ellos. Igual que t no eres el tipo de mujer
que querra controlar ni manipular a un hombre mediante su deseo hacia ti. Sabes, Christa? -dijo pensativo-. A veces siento casi como si estuvieras intentando encajarme
en un molde, en una creencia preconcebida de quin soy. Como si, sin conocerme, ya hubieras decidido como soy. Te he observado cuando digo o hago algo que no encaja
con esa imagen. No ests segura si te gusta o no, verdad? De todos modos no pretendo fisgonear. Si alguna vez me quieres hablar de l, estar dispuesto a escucharte.
Pero no me juzgues por l, Christa, porque yo no soy ese hombre. En cul de nosotros te cuesta ms confiar? En m o en ti misma?
      El modo en que le sonri mientras le acariciaba suavemente la cara, quit a sus palabras cualquier malicia o crtica. Pero le dolieron. No porque l hubiera
adivinado sus sentimientos tan astutamente, sino porque tambin haba descubierto uno de sus miedos ms profundos.
      Tena miedo de confiar en s misma, de su propio juicio.
      Tena miedo de sus propios sentimientos... De desearle... De amarlo, de dejarle entrar en su vida y en su corazn.
      Pero era demasiado tarde. l ya estaba ah. Christa se haba vuelto vulnerable... expuesta al peligro...


      Captulo 6
      RPIDO, mira esto... No est aterrizando una nave espacial?
      Saliendo de sus pensamientos, Christa levant la cabeza obediente -y mir por la ventanilla del Land Rover. Entonces oy rerse a Daniel.
      -Bueno, al menos es una respuesta -dijo l mirndola-. Has estado muy callada la ltima media hora, muy pensativa. Hay algo que yo deba saber?
      La pregunta fue despreocupada, pero no la mirada que l le ech.
      Christa haba estado despierta media noche, pensando una y otra vez en lo que sucedi entre ellos, y lo poco que haba dormido, lo haba pasado soando con
l. Ya saba lo mucho que le deseaba, le necesitaba, lo amaba, pero parte de ella an tema esos sentimientos, tanto que hubo varias ocasiones durante la noche en
las que dese levantarse y huir mientras pudiera.
      -En realidad no -le dijo, en respuesta a su pregunta-. No a menos que tengas un inters particular en el diseo para las telas de la prxima temporada -explic
mientras rodeaban una curva y ella vea su destino en el valle frente a ellos-. Es se el pueblo?
      -S.
      Cuando llegaron, Christa se fij en la disposicin desordenada de las estrechas calles y casas adosadas, edificios de piedra gris bajos con tejados de pizarra.
Toda la zona estaba rodeada de las montaas. Vio la zona abierta del mercado de ganado a un lado del pueblo y tambin la aguja de una iglesia.
      -Hubo un tiempo en el que muchos de los terratenientes eran ingleses en lugar de galeses -le explic Daniel-. Al igual que la iglesia, el pueblo tiene una
posada y un balneario, aunque est cerrado de momento por reformas.
      Las calles estrechas estaban ms abarrotadas de lo que Christa pensaba. No le habra gustado estar al volante. Pero Daniel esperaba de forma agradable a que
la gente pasara antes de continuar.
      La gente se paraba para saludarse alegremente. Una mujer mayor llevando una cesta y un pauelo en la cabeza, se dirigi hacia ellos, sonriendo al ver a Daniel.
      Daniel par de inmediato el Land Rover y baj la ventanilla.
      -Es estupendo verte sin las muletas, Meg. Ya est bien tu tobillo, verdad?
      -Oh, s.
      -Pues recuerda que nada de arreglar el tejado -le avis Daniel.
      -Arreglar el tejado? -pregunt Christa perpleja cuando volvieron a circular.
      -S. Meg tiene una granja pequea en las afueras del pueblo. Una tormenta se llev una docena de tejas, y ella se cay y se rompi el tobillo mientras intentaba
sustituirlas.
      -Qu? Pero si tendr ms de sesenta aos...
      -Setenta y uno. -la corrigi Daniel.
      -Y por qu intent hacer sola ese trabajo? Por qu no se lo pidi a alguien?
      -Porque se no es el modo en que se hacen las cosas por aqu. La gente es autosuficiente y se siente orgullosa de ello. Han tenido que serlo, pero en el caso
de Meg... Bueno, las verduras que cultiva no le dan muchos beneficios, y ella es demasiado orgullosa para pedirle ayuda a nadie.
      -Pero pudo matarse -sigui protestando Christa.
      -Aparcaremos aqu -le dijo Daniel entrando en una calle-. La tienda est a pocos metros.
      -No soy completamente intil -dijo ella-. Puedo caminar un par de calles.
      -Hace fro y mucho viento. No ests vestida para este tipo de tiempo. Aunque tu aspecto es estupendo -dijo suavemente-. Estupendo. Ese color te favorece...
Armani, verdad? - pregunt, sealando su traje.
      Christa s sorprendi. El traje pantaln color beige era uno de sus favoritos, y ella saba que le sentaba bien, pero no haba esperado que Daniel lo reconociera.
      -S.
      Se sinti tentada a preguntarle cmo poda reconocer al diseador, pero algo la hizo callarse.
Por qu? Porque tema que esos conocimientos slo los hubiera adquirido a travs de una relacin con otra mujer?
      Piers estaba a la ltima en cuanto a diseadores cuando conoci a Laura, e insisti en que ella cambiara de imagen completamente.
      -Dice que slo debo llevar tejidos naturales, como seda y cachemir -le cont su amiga-. Dice que no hay nada ms sensual que el roce de la seda contra la piel
de una mujer.
      El fue tambin el responsable de que a Laura le cortara y arreglara su melena alborotada uno de los mejores peluqueros de Londres, y de las clases de maquillaje
que siguieron.
      Pero aparentemente, nada de eso pudo convertirla en la mujer que l quiso, y tampoco evit que tuviera aventuras una vez casados.
      -Vuelve al presente -le dijo Daniel suavemente-. No, no te voy a preguntar. Cuando quieras que lo sepa, espero que me lo cuentes... Christa, no soy como t.
Tengo fe... y confianza...
      Daniel sali del Land Rover y la ayud a ella a hacer lo mismo.
      La tienda era un lugar grande y alegre, llena de artculos de colores brillantes y dependientes de aspecto saludable y sonrientes. Un joven musculoso se acerc
a ellos.
      Daniel le explic lo que queran. Christa haba esperado ser cargada de ropa pesada y gorda de colores aburridos, pero el ligero anorak que el joven le mostr
era de un tono amarillo brillante.
      -Es un color que se puede distinguir fcilmente desde el cielo, una gran ayuda si hay que realizar algn rescate en la montaa -le explic Daniel.
      Christa hizo una mueca.
      Media hora ms tarde, cuando se marcharon de la tienda, se haba comprado el anorak, un par de mallas muy modernas, calcetines, sudaderas, ropa interior trmica
y botas.
      -Bueno, ya que ests equipada, maana iremos a la montaa.
      -Ah, aqu ests, Daniel...
      Los dos se detuvieron cuando Meg, la anciana, se acerc a ellos.
      -Slo quera darte las gracias por lo que hiciste. Aunque no haca falta. Podra haber arreglado sola ese tejado... No me gusta deberle nada a nadie.
      -Un buen favor se devuelve con otro, Meg -replic Daniel.
      -Es posible. Pero yo no te he hecho ningn favor.
      -An no. Pero espero que lo hagas. Mi macho cabro se encuentra solo. T tienes otras cabras...
      -Quieres que me lo quede? Bueno, podra hacerlo... Pero no quiero caridad... ni siquiera de ti. No quiero que otros paguen mis cosas. Pero no podrs trarmelo
hasta finales de mes.
      -Hecho -accedi Daniel sonriendo-. A final de mes.
      Cuando se quedaron solos, Christa se dio cuenta de que obviamente, Daniel haba pagado la reparacin del tejado de Meg. Si l fuera como Piers, nunca habra
realizado algo tan generoso. Christa sinti un calor especial llenando su cuerpo.
      -Vas a darle a Clarence?
      -Ya es hora de que tenga un nuevo hogar. Necesita compaa, y adems...
      -Adems qu? -pregunt Christa cuando l se call.
      -No puedo permitir que te aterrorice y te ponga en tal estado que te eches a mis brazos -dijo suavemente.
      -Yo no me ech a tus brazos... -se burl Christa, mirndolo con ojos brillantes.
      -Es posible -murmur Daniel-. Pero ah es exactamente donde terminars si sigues mirndome as. Sabes lo que me ests haciendo, verdad?
      -S -le dijo Christa temblorosa, de repente sintindose muy feliz.
      Extendi la mano y le toc el brazo, maravillndose del modo en que el ms leve roce pareca afectarle.
      -No esperemos ms, Daniel. No quiero... no ms... y no creo que pueda -admiti con sinceridad.
      Daniel se qued tan quieto durante un momento que ella crey que haba dicho algo equivocado. La brillantez y claridad de su alegra empez a desvanecerse.
Christa apart la mirada de l.
      -Lo siento... no deb...
      -El qu? Decirme que me deseas? Es eso lo que crees?
      Daniel la abraz, y la gir, ponindola bajo la proteccin de un portal.
      -Sabes lo que me ha hecho lo que acabas de decir? Sabes cmo me hace sentir orte decir algo as? Sabes lo mucho que deseo ahora mismo... lo fcilmente
que podra empujarte contra esta puerta y... ?
      El pequeo sonido escandalizado que emiti Christa, le detuvo.
      -Lo siento... Es que... Bueno, anoche sent que yo era el nico que deseaba, que senta, que necesitaba... t parecas haber levantado una barrera que no poda
traspasar.
      -Tena miedo -admiti Christa.
      Haba empezado a temblar tanto que era imposible que Daniel no lo notara.
      -Oh, Dios... Si los dos estuviramos solos ahora... Quizs sea mejor que no lo estemos - aadi mirndola la boca y los ojos-. En el Bell dan almuerzos muy
buenos. Por qu no te llevo all y mientras t pides por los dos yo voy a hacer algunas compras?
      Christa no pudo evitarlo. A pesar de que era una mujer adulta que haba viajado mucho y era algo sofisticada, madura, poda sentir todo su cuerpo ardiendo.
      -Te ocurre algo? -pregunt Daniel suavemente.
      Cuando ella neg con la cabeza, la expresin de Daniel se relaj ligeramente.
      -Bien, entonces no necesitar aadir calcetines para dormir a mi lista de la compra, verdad? -brome antes de rozar suavemente sus labios con los suyos y
apartarse.


      -He pedido carne a la sidra para los dos. Te parece bien?
      -Muy bien -dijo Daniel sentndose junto a Christa-. No vas a preguntarme qu he comprado? -pregunt con picarda.
      Christa se ruboriz.
      -Me encanta cuando te pones as. Por cierto, en la frutera no quedaban pepinos...
      -Oh, basta -le dijo Christa casi ahogndose al beber agua.
      Todo eso era nuevo para ella... las bromas, la intimidad, pero podra aficionarse a ello rpidamente. Podra aficionarse a l. Daniel le dio las manos por
debajo de la mesa.
      -Mmm... est buensimo -coment Christa cuando sirvieron la comida.
      -No est mal -observ Daniel-, pero espera hasta que pruebes...
      Se call y mir fascinado el rostro de Christa, que haba adquirido un suave tono rosado.
      -Y ahora qu ha causado eso?
      Christa no tena la intencin de decrselo. Al menos no en esa etapa de su relacin.
      Sus palabras haban evocado ciertas imgenes, el deseo de disfrutar del banquete de su cuerpo desnudo... Y era algo demasiado personal paraa contrselo.
      -No saba que supieras cocinar -dijo evasiva.
      -Slo lo bsico. Y la mayora de las cosas las he aprendido solo. Despus de la muerte de mi padre... Bueno, mi madre perdi el inters en la rutina diaria.
Sin mi padre, pareci perder todas las motivaciones. l era el centro de su vida, y...
      -Creo que la mayora de las mujeres piensan eso del hombre al que aman -dijo Christa suavemente.
Por qu cuando se amaba a alguien se le quera proteger del ms mnimo dolor?
      Amar a alguien... Las palabras an le asustaban un poco.
      -En serio? -le pregunt Daniel-. No lo creo. La mayora de las mujeres modernas han aprendido a recelar de esa dependencia emocional.
      -Si no confiamos en los hombres lo suficiente para dejarnos ser tan vulnerables, quizs sea porque a menudo hemos visto y experimentado las traicin de los
hombres... Pero hablemos de otra cosa -le pidi Christa, ya que la seriedad de la conversacin estaba empezando a nublar su anterior humor alegre.
      An haba varias zonas de fino hielo en su recin formada relacin con Daniel que no confiaba que pudieran soportar el peso de su intenso escrutinio. No quera
arriesgarse a que las cosas se estropearan con demasiadas preguntas. Haba tomado su decisin, y deseaba...
      Deseaba a Daniel. Le deseaba tanto que no poda soportar la necesidad que palpitaba por su cuerpo.
      Inesperadamente, sus ojos se llenaron de lgrimas. Dej su tenedor, incapaz de seguir comiendo.
      -Christa, qu ocurre? -pregunt Daniel preocupado-. Es la comida?
      -No... Te importa si... ? Podramos irnos?
      Pero algo en su expresin debi delatarla. La mirada que Daniel le ech cuando se levant y se acerc a ella, hizo que su rostro se encendiera y todo el cuerpo
le empezara a temblar.
      Lo saba. De algn modo l saba lo que ella estaba pensando... sintiendo.
      Fuera del restaurante, Christa respir varias veces el aire limpio y fresco, intentando calmarse. Haba perdido completamente el control. Daniel dominaba sus
sentimientos y pensamientos.
      El estaba de pie a su lado, mirndola muy serio, pero sus ojos... sus ojos... Christa cerr los ojos, desgarrada por l mensaje que ley en ellos.
Se leera en sus ojos el deseo con la misma claridad que en los de Daniel?
      Volvieron al coche en silencio. Daniel le abri la puerta para ayudarla. Pero se detuvo.
      -No puedo... Si te toco...
      Christa no tena que preguntarle a qu se refera. Lo saba. Ella senta lo mismo.
      Ninguno de ellos intent conversar en el trayecto de vuelta a la granja. El sol se estaba poniendo rpidamente, marcando el contorno de las montaas.
      A Christa le pareca imposible pensar que al da siguiente caminaran por ellas.
      Al da siguiente... Entre ese momento y el da siguiente, el presente y el futuro, estaba... esa noche.
      Se senta ms nerviosa y virginal que cuando realmente era virgen. Se puso tensa cuando Daniel detuvo el Land Rover.
      Cuando par el motor, en lugar de bajarse, se gir hacia ella.
      -An puedes cambiar de opinin -le dijo Daniel suavemente.
      -No... No quiero cambiar de opinin -le asegur Christa.
      Era cierto, pero eso no evitaba que sintiera algo de miedo. No de Daniel, sino de s misma, de su deseo, de su necesidad... de su amor.
      Mientras Christa sacaba sus compras del coche, Daniel sac una enorme caja de comida que debi comprar mientras ella le esper.
      El viento helado cuando cruzaron el patio la hizo estremecerse, y Christa se alegr del calor de la cocina cuando Daniel abri la puerta.
      -Ir a llevar estas cosas a mi habitacin - dijo Christa mientras Daniel dejaba la comida en la mesa.
      -No, an no -le dijo Daniel, quitndole las bolsas y dejndolas en el suelo.
      La mir, se acerc a ella y abri los brazos.
      -Ven aqu -le dijo suavemente.
      Ella se haba quedado con la boca seca y con el corazn acelerado.
      Temblorosa, Christa se movi hacia l, estremecindose de placer mientras senta sus brazos rodearla. Cuando Daniel inclin la cabeza para besarla, ella sinti
sus latidos salvajes. Su boca roz la suya unos instantes y luego se separ.
      -Quiero hacer esto de forma apropiada, Christa... Quiero que sea estupendo...
      -Lo ser -le asegur ella.
      Christa quera decirle que saba que lo que iban a compartir juntos sera tan especial que cambiara su enfoque sobre la vida. Sonri suavemente. Daniel le
haba dicho antes de que ella llegara que eso sera lo que sucedera, pero ninguno haba adivinado que sera de ese modo.
      -Ven y sintate -le dijo Daniel llevndola
      suavemente hacia una de las sillas-. Voy a hacer una comida especial para los dos, y luego...
      -Una comida? -se ri Christa-. Pero si acabamos de almorzar...
      -Pero t te lo has dejado -le record Daniel-. Adems, no es eso lo que quieren todas las mujeres? Ser agasajadas antes de...?
      -Ser seducidas? -termin Christa con picarda-. Es eso lo que planeas hacer? Seducirme? -lo mir ms seria-. No necesito nada de eso... Todo lo que necesito
y lo que quiero es a ti.
      Mientras hablaba, Christa sinti un nudo en la garganta. Saba Daniel lo poco propio que era de ella expresar sus sentimientos tan abiertamente?
      Daniel empez a acercarse a ella. Ella se levant temblorosa, sujetndose a la silla, con la mirada clavada en el rostro de Daniel.
      -Christa... Christa...
      Ella empez a temblar violentamente mientras l gema su nombre entre besos hambrientos. La abraz con tanta fuerza que ella temi que la lastimara, pero no
le importaba. Quera que la abrazara as.
      La estaba besando como si no se cansara de ella, moldeando su cuerpo contra el suyo.
      -Te deseo, te deseo, Christa...
      Entre la neblina de placer, ella oy un sonido fuera. Era como... Se puso rgida al or el sonido de un motor.
      Obviamente, Daniel tambin lo haba odo, porque la solt, se apart y frunci el ceo.
      Por la ventana de la cocina, Christa vio un Land Rover casi tan viejo como el de Daniel. Su conductor lo detuvo con un frenazo brusco, par el motor y sali.
      Christa le reconoci de inmediato. Era el mismo hombre con el que vio a Daniel la primera tarde en la puerta del hotel.
      Lo vio tambalearse hacia la puerta y llamar insistentemente.
      -Ir yo -empez a decir, pero Daniel neg con la cabeza.
      -No... Qudate aqu -le dijo acercndose a la puerta.
      El recin llegado tena el aspecto y el olor de haber estado bebiendo mucho. Christa le mir con desagrado mientras entraba en la cocina y se apoyaba pesadamente
en la mesa, mirando confundido a Christa, concentrndose en su rostro con intensidad.
      Era obvio que no la reconoci, y Christa se puso muy recta bajo su escrutinio.
      -Entonces t eres la ltima chica de Daniel, verdad? -coment borracho-. Siempre consigue llevarse a la mejor. Podra cambiarme por l -le dijo a Daniel,
dejando de mirar a Christa-. Podra conseguir buenos ingresos y muchas mujeres con el trato. Te lo montas bien, amigo. Aqu tienes todo el sexo que quieres, cuando
quieres, y encima te pagan... Es mejor que lo mo. Nada de sexo y una ex-mujer que est intentando sacarme hasta las tripas. Sabes lo que ha hecho ahora esa bruja?
Dice que yo dej deliberadamente que la granja se viniera abajo y ahora va a reclamar el cincuenta por ciento de su valor. Pero si eso fue hace diez aos, por el
amor de Dios! Est intentando arruinarme. Eso es lo que intenta esa bruja...
      Dej de hablar y se gir para mirar a Christa.
      -Qu le pas a la pelirroja que tenas aqu? Pareca muy caliente esa Alison. Bueno, Daniel, haces lo mejor. Que sean asuntos cortos y temporales... Sabes
que me han echado del bar? Dijeron que haba bebido demasiado. Mentirosos... De todos modos, se me ocurri venir y tomarme una copa contigo. Siempre has sido un
buen amigo...
      Se balance peligrosamente de lado a lado mientras se soltaba de la mesa y se acercaba a Daniel.
      Christa lo mir, impresionada y disgustada. Disgustada por su estado e impresionada por lo que haba contado de Daniel.
      Las lgrimas amenazaron con salir por sus ojos, calientes y destructivas, pero lo peor era el dolor en su corazn.
      No le consolaba saber que se haba enterado de la verdad justo a tiempo para evitar cometer la ltima locura, una locura que pareca que haban cometido numerosas
mujeres antes que ella.
      Se le revolvi el estmago al recordar las mentiras que le haba contado Daniel y lo tonta que ella haba sido al creerlas. Ella entre todas las personas...
despus de todo lo que haba visto de la experiencia de Laura con Piers.
      -No quiero irme a casa -dijo furioso el borracho-. Ese maldito lugar ya no es mi casa... No desde que esa bruja se march y se llev la mitad de los muebles
con ella. Quiero una copa...
      Daniel le agarr y le llev con firmeza hacia la puerta.
      -Siento todo esto -le dijo a Christa-. Pero parece que nuestros planes tendrn que esperar... temporalmente... slo temporalmente -aadi de forma significativa.
Cmo poda ser tan descarado? No se haba dado cuenta de que su amigo haba delatado su juego? Debi or todo lo que haba dicho. 0 pensaba que ella estaba
tan enamorada y desesperada que ignorara lo que haba odo?
      La sensacin nauseabunda en su estmago aument. Christa dese gritarle de rabia, de dolor y angustia, pero el orgullo la hizo callar.
      -Vamos, Da -dijo Daniel-. Te llevar a casa.
      -No quiero irme a casa...
      Pero Daniel abri la puerta y le sac fuera.
      Christa esper quieta hasta que oy el motor arrancar. Incluso cuando desaparecieron los faros, no se movi. Se haba quedado de piedra.
Por qu no hizo caso a su lgica... a su instinto? Por qu fue tan estpida y se rindi a sus sentimientos? Los mismos sentimientos que en ese momento le
gritaban que se marchara antes de que sufriera ms.
      Sus sentimientos... Haba cometido el error de guiarse por ellos, y no volvera a hacerlo. Adems, su orgullo no le permita marcharse.
      El le haba dicho que llevaba mucho tiempo siendo clibe, y ella, como una tonta, le crey... porque quiso creerle. En ese momento, sus palabras le sonaban
amargas.
      Daniel se haba redo y burlado de ella, y no haba tenido la elegancia de parecer avergonzado cuando su amigo borracho cont la verdad.
      Furiosa, camin de un lado a otro por la cocina, recordando todas las cosas que le haba dicho, maravillndose de su hbil engao. Decidi que una persona
deba disfrutar causando dolor para que se le diera tan bien. Y seguro que tambin haba esperado que una vez la tuviera en la cama, ella se ablandara y estara
dispuesta a retractarse pblicamente de todo lo que haba dicho sobre su centro y su negocio.
      Cuando las lgrimas llenaron sus ojos y cayeron por su cara, apret las manos en puos y se dijo que deba dejar de ser ms tonta de lo que ya era.
      El hombre por el que estaba llorando no exista, y en lugar de llorar debera arrodillarse y dar las gracias a la intervencin a tiempo del amigo borracho
de Daniel,
Cmo se comportara Daniel cuando regresara? Tendra el valor de ignorar lo sucedido y suponer que podan continuar donde lo dejaron antes de que llegara
su amigo?
      Y qu hara ella si l entraba y simplemente la abrazaba?
      Se resistira y le rechazara, por supuesto. 0 no?
      Quizs fuera ms prudente que se fuera a su habitacin.


      Captulo 7
      CANSADO, Daniel entr en la cocina vaca y silenciosa. Se haba quedado con Dai ms tiempo del que haba planeado, no slo por insistencia suya mientras le
contaba una y otra vez la historia de la ruptura de su matrimonio, sino por su preocupacin por el estado de salud de Dai.
      La ruptura de su matrimonio haba sido muy dura para l. A pesar de que pareciera lo contrario, segua muy enamorado de su ex-mujer. Los problemas econmicos
resultantes de su ruptura slo eran un punto de referencia para los otros problemas que el gals no se atreva a expresar. Era ms fcil para un hombre de su educacin
y naturaleza echar la culpa a su exmujer diciendo que quera dejarle sin blanca que admitir que su prdida haba dejado un gran vaco en su vida.
      La dependencia de Dai cada vez mayor del alcohol para intentar aliviar ese dolor, slo empeoraba las cosas. Pero aun as, podra haber elegido otro momento
para ir. Daniel haba intentado llamar por telfono a Christa para decirle que se retrasara, pero cuando ella no contest, l imagin que se habra ido a la cama.
      A su cama... sola... cuando en ese momento debera estar en la de l... entre sus brazos... Daniel gru. Le sorprendi descubrir lo fcilmente que su necesidad
por ella le haca perder el control.
      En el pasado, l haba llegado a la conclusin de que una de las razones por las que no se poda enamorar de nadie era porque era demasiado analtico y controlado.
      Pero la presencia de Christa en su vida haba demostrado su equivocacin. Lo que le haba faltado anteriormente era su habilidad para sentir profundamente...
la mujer apropiada.
      Y Christa era esa mujer.
      Daniel esperaba que un da le contara por qu se mostraba tan a la defensiva y por qu no confiaba en l.
      Frunci el ceo. El siempre haba credo que la confianza mutua era una de las bases ms importantes en una relacin. Pero l estaba a punto de hacer lo que
para l, y seguro que tambin para ella, era un compromiso personal e ntimo muy intenso, a pesar de que en el fondo saba que Christa le ocultaba una parte muy
importante de ella misma, que no confiaba completamente en l... que pareca en cierto modo casi buscar una razn para no confiar, como medio de mantener una va
de escape para una relacin a la que no estaba segura de querer comprometerse, porque tema o senta la intensidad del compromiso de Daniel hacia ella.
      Muchas mujeres se mostraban recelosas de renunciar a la independencia por la que haban luchado tan duro, y Daniel no las culpaba, pero de ningn modo quera
que Christa se convirtiera en su sombra obediente.
      La amaba por la mujer que era. La amaba... la necesitaba... la deseaba.
      Cerr los ojos. Ese da, cuando ella lo mir y le dijo que le deseaba, que no quera esperar...
      La mayora de la gente le consideraba una persona muy controlada, nada impetuoso ni dado a arrebatos de pasin.
      Si hubieran visto lo que haba psalo por su cabeza ese da, se sorprenderan. El mismo se sorprendi, y si se hubiera dejado llevar por sus sentimientos,
habra tumbado a Christa en el Land Rover y...
      Pero no era as como quera que fuera su primera vez juntos. Quizs estuviera siendo demasiado emotivo y romntico, pero no quera que fuera algo precipitado.
      Hacer el amor con ella, amarla, era algo que quera tomarse con calma y saborear...
      Mir su reloj. Era ms de medianoche. Estara Christa dormida?
      Sali de la cocina y subi. La puerta de la habitacin de Christa estaba cerrada. Se detuvo y gir suavemente el pomo. Ella estaba tumbada de lado, con todo
el pelo cayendo suavemente sobre la almohada. La luna baaba su hombro con un suave brillo.
      Mientras la miraba, ella se movi dormida y frunci el ceo. Tena manchas oscuras bajo los ojos como si... como si hubiera estado llorando.
      Daniel sinti un nudo en la garganta. Llorando? Por l? Dese tocarla, despertarla suavemente con susurros de amor y besos, ver como abra los ojos con placer
y deseo. Pero lo que l quera de ella iba ms all del sexo y la intimidad fsica. La amaba y la quera permanentemente en su vida, pero no estaba seguro de que
ella sintiera lo mismo. Algo se interpona entre ellos, a pesar de lo que Christa le haba dicho ese da.
      Fsicamente poda estar preparada para comprometerse a l, y si Dai no hubiera llegado, as habra ocurrido. Pero Dai haba aparecido, dndole tiempo para
pensar. Decidi que estaba en lo cierto al pensar que parte de la ambigedad de Christa hacia l, se deba a su trabajo.
      Sera mejor esperar hasta que hubiera terminado el curso...
      Deba intentar controlarse hasta entonces. Bueno, al menos al da siguiente no sera tan difcil. Estaran en las montaas durante buena parte del da.
      Se inclin y bes suavemente su hombro desnudo. Se enderez con el rostro tenso.
      En el fondo de su corazn, no importaba lo que Christa dijera o pudiera creer. Ella senta que no estaba preparada para comprometerse completamente y darle
la confianza que l quera. Y no importaba lo estupendo que fuera el sexo entre ellos. Sin ese compromiso y confianza, nunca sera suficiente.


      -Ests segura de que ests bien?
      Furiosa, Christa apart la mirada de Daniel, sujetando con fuerza la taza de caf. Cmo se atreva a sonar tan carioso y preocupado, tan genuino?
      -Claro que lo estoy -dijo muy seca evitando mirarlo-. Por qu no iba a estarlo?
      La noche anterior haba sido terrible, pero despertarse esa maana le result como una pesadilla.
      -Siento lo de anoche... Te llam, pero debiste haberte acostado -le dijo Daniel en cuanto ella baj las escaleras.
      Luego en la cocina, ella no quiso comer nada.
      -Debes tomar algo. Nos espera un largo da y el almuerzo slo ser sopa caliente y un sandwich. En cuanto lleguemos a la montaa necesitars todas tus energas.
      No saba cmo Daniel tena el valor de comportarse como si nada hubiera sucedido.
      -Pens que dijiste que queras salir temprano -dijo Christa con frialdad en ese momento mientras terminaba su caf, sin mirarlo y tratando de que las lgrimas
no le traicionaran.
      -Christa...
      -Voy a terminar de prepararme -dijo ella, ignorndole.
      Media hora ms tarde, cuando volvi abajo, senta el corazn ms pesado que las botas que llevaba en sus pies.
      Aparte de su furia y su amargura, tena miedo de s misma. Tema no ser lo bastante fuerte para hacer lo que deba hacer y que sus sentimientos y amor la traicionaran.
      Tena miedo de su propia vulnerabilidad.
      -Ven a sentarte aqu -le dijo Daniel llevndola a una silla antes de que ella pudiera negarse.
      El se arrodill frente a ella y rode su tobillo con las manos, movindole el pie dentro de la bota nueva.
      -Los cordones no estn bien abrochados - dijo volvindoselos a atar rpidamente.
      -Gracias -dijo Christa muy cortante.
      Por qu no apartaba l de una vez las manos de su cuerpo?
      Si segua sujetando su tobillo como si no pudiera soportar no tocarla, ella tendra que decirle exactamente lo que pensaba de l. 0 eso o... Christa control
su pequeo jadeo cuando su cuerpo empez a temblar de placer, y rpidamente tuvo que apartarse de l.


      Daniel haba subido con suavidad y fcilidad las pendientes ms bajas de la montaa, pero el cuerpo y las piernas de Christa, tenan una opinin diferente.
Ella no era una fantica del deporte, pero siempre le haba gustado mucho-andar. Pero sus paseos no tenan nada que ver con lo que estaba haciendo en ese momento.
      No slo le dolan las piernas, sino que sus pulmones tambin empezaban a sentir la tensin.
      Mir el reloj. Slo llevaban un par de horas, y an no eran las once. Daniel le dijo que pararan a almorzar a las doce y media y luego regresaran.
      -Lo ests haciendo muy bien -le dijo Daniel-. La mayora de los principiantes protestan a estas alturas de que ya han tenido bastante.
      Valiente, Christa apret los dientes, intentando ignorar los mensajes de agona de sus msculos.
      -Si quieres descansar hay un buen lugar a unos metros desde donde se ve una estupenda panormica de la granja y...
      -No quiero parar -dijo Christa feroz-. Quiero terminar de una vez con esta farsa.
      Daniel dej de subir y se detuvo delante de ella, forzndola tambin a parar.
      -Mira, algo va mal -le dijo tranquilamente-. No intentes negarlo... Si es por lo de anoche...
      Ella lo mir furiosa.
      -Cmo puedes... ?
      -Mira, lo entiendo... -le interrumpi Daniel-. Yo tambin me sent decepcionado.
      -Decepcionado... -Christa lo mir furiosa-. Decepcionado por qu, Daniel? Porque no me hubiera ido a la cama contigo? Habra sido una experiencia fabulosa
para m, verdad? Maravillosa, pero no nica... No para m. Ni para todas las otras chicas crdulas que fueron engaadas y llevadas a tu cama antes de m...
      -Christa, qu ests... ?
      -El juego ha terminado, Daniel. No tiene sentido que te sigas molestando en mentirme despus del modo en que te delat Da. No me extraa que su mujer le dejara
si l ha estado intentando parecerse a ti. Qu fue lo que dijo de ti? Ah, ya recuerdo. Que envidiaba tus conquistas y las oportunidades que te daba tu trabajo,
y al mismo tiempo engordando tu cuenta bancaria -termin, escupiendo las palabras con sarcasmo.
      -Christa no... -protest Daniel-. Escchame. Entendiste mal...
      -Entend mal? Oh, no, Daniel. T eres el que ha hecho eso. Aunque no fue slo culpa tuya -sonri con amargura-. Despus de todo, yo saba la clase de hombre
que eras, lo poco que se poda confiar en ti... Deb hacer caso a mi cabeza en lugar de a mi...
      -Lo poco que se poda confiar en m? - le pregunt Daniel con tristeza-. 0 lo poco que t queras confiar en m, Christa? Lo que dijo Dai no tiene nada que
ver con la realidad de mi vida. Fue simplemente su interpretacin, su fantasa si prefieres, o el modo en que l cree que vivira si estuviera en mi lugar. Un modo
de restablecer la fe en su masculinidad.
      -Si eso es cierto, por qu no me dijiste nada en su momento?
      -Porque no pens que fueras a creer lo que estaba diciendo. Imagin que viste sus comentarios por lo que eran; los patticos desvaros de un borracho sufriendo
por la perdida de su mujer. Lo que dijo Dai tena tan poco que ver con la realidad que nunca pens que le tomaras en serio.
      Christa sinti mareos por el caos en que estaban sus pensamientos. Daniel estaba mintiendo. Tena que estarlo.
      -No puedo obligarte a que me creas, Christa... igual que no puedo obligarte a confiar en m. Y eso es lo que hay en el fondo de todo esto, verdad? -dijo dando
un paso hacia ella.
      -No te acerques -ella retrocedi un poco-. No me toques...
      -Christa, qudate quieta... No te muevas...
      Al or su advertencia, le entr el pnico... Ya haba dado otro paso hacia atrs... hacia la nada, cayendo tan fuertemente por la empinada pendiente que se
sinti demasiado impresionada incluso para gritar, rodando, llenndose de polvo, ahogndose...
      El polvo llen su nariz y ojos. Grit cuando se le fue todo el aire del cuerpo al chocar con algo slido.
      Mareada del pnico, se dio cuenta de que su cada haba sido detenida por una enorme roca.
      Estaba echada de lado, y aunque le dola todo el cuerpo, pareca que no tena nada roto.
      Intent sentarse, y entonces oy las palabras de Daniel sobre ella.
      -No, Christa, no te muevas... Qudate todo lo quieta que puedas.
Quedarse quieta? Qu iba a suceder? La cornisa donde estaba era muy estrecha. Bajo ella, vea desaparecer la empinada cada de la montaa en el barranco.
      Empez a temblar violentamente, mientras en su cabeza aparecan imgenes de qu sucedera si caa.
      -Ir a por ayuda -le dijo Daniel-. Mientras no est, qudate muy quieta.
      -No -grit aterrorizada-. No, Daniel. No me dejes aqu... Por favor, qudate conmigo...
      Estaba temblando y llorando, aterrorizada ante la idea de que Daniel se marchara... l haca eso para castigarla. Se marchara y la dejara morir sola... No
iba a ayudarla...
      -Christa, tengo que irme. Tengo que conseguir ayuda, pero te prometo que si me escuchas y haces lo que te digo, estars a salvo. Escchame, Christa... Confa
en m...
      Confiar en l... Cmo poda hacerlo y volverse tan vulnerable?
      Daniel podra marcharse en ese momento y dejarla all. Nadie lo sabra nunca. El dira que haba sido un accidente...
      -Christa, promteme que hars lo te digo... que no intentars moverte...
Cmo haba adivinado lo que ella planeaba? Christa haba decidido que en cuanto se marchara ella intentara salir de ah de algn modo u otro.
      -Promtemelo.
      Prometrselo! Confiar en l!
      -No puedo! No puedo!
      -Entonces no me ir. Y como no puedo rescatarte sin ayuda, eso slo nos deja una alternativa.
      A Christa le dio un vuelco el corazn. Iba a marcharse. Iba a marcharse y a dejarla sola.
      -No puedo salvarte, Christa... Pero al menos puedo morir contigo...
      Morir con ella... Christa levant la cabeza y vio que Daniel empezaba a bajar hacia ella.
      -Daniel... No.
      El sonido sali desgarrado de su garganta.
      El estaba dispuesto a morir con ella.
      -Har lo que dices -le dijo con los ojos llenos de lgrimas-. No me mover... Lo prometo.


      -Christa?
      Mareada, Christa levant la cabeza y abri los ojos. Le haba parecido una eternidad desde que Daniel se march. Al principio se sinti fuerte y valiente,
pero poco a poco, le entr el pnico y el miedo, la tentacin de moverse, de intentar algo...
      Pero le haba dado su palabra a Daniel.
      -Christa...
      No eran imaginaciones. Era la voz de Daniel. Y no llegando desde arriba, sino de algn sitio detrs de ella.
      Con cuidado, mir a un lado y a otro, y su corazn se llen de alegra al ver a Daniel bajando muy despacio hacia ella, con una cuerda asegurada alrededor
de su cuerpo.
      Christa entendi por qu le dijo que no se moviera... Cada vez que l pona el pie en la pendiente, caa una pequea avalancha de piedras, que a su vez arrastraban
a otras.
      Mientras le esperaba muy rgida, las lgrimas llenaron los ojos de Christa y baaron sus mejillas, hasta que Daniel lleg a su lado.
      -No llores, mi amor... Todo saldr bien. El equipo de rescate va a enviar un helicptero para rescatarnos... Ya debera haber llegado...
      Con cuidado, se puso a su lado. El se haba arriesgado mucho para estar con ella. Ms lgrimas rodaron por la cara de Christa.
      -Tranquila, tranquila... -repiti Daniel sujetndola conn un brazo.
      Christa no poda hacer lo que deseaba. Echarse a sus brazos y abrazarle con fuerza. La cornisa era muy estrecha.
      El le haba pedido que confiara. Sola en las montaas, ella supo que poda hacerlo, que no era el tipo de hombre que podra marcharse y dejarla sufrir.
      Y si poda confiar en l con su vida, tambin podra hacerlo con su corazn... con su amor.
      -No debiste bajar -murmur temblorosa-. No debiste arriesgarte tanto.
      -Quera estar contigo -le dijo entrelazando sus dedos con los de ella-. Esto no era lo que haba planeado para hoy.
      -No? -pregunt Christa intentando igualar su intento de humor-. Y yo que crea que era parte de tu plan para convencerme de la efectividad de tus cursos;
confianza, dependencia... -nuevas lgrimas llenaron sus ojos-. Pero no deberas haberte arriesgado bajando. Todo es por mi culpa.
      -No, es ma -la corrigi Daniel muy serio-. Esta maana not que algo iba mal, pero pens...
      -Que estaba furiosa por lo de anoche...
      Un espasmo de dolor desencaj su rostro y la dej plida.
      -Qu ocurre? -pregunt Daniel alarmado.
      -Nada... Es slo... -lo mir-. Oh, Daniel, si nos pasa algo... o a ti... Ni siquiera hemos sido amantes. Nunca he sentido tu piel junto a la ma. Nunca te
he tocado y abrazado... Estaba pensando en eso antes de que regresaras. Pensando en lo estpida que he sido... todo el tiempo que he perdido. Tenas razn. No el
tiempo que he perdido. Tenas razn. No quera confiar en ti. Tena miedo.
      Temblorosa, le explic lo que le sucedi a su amiga Laura. Cuando termin, l se qued tan callado que al principio Christa temi que estuviera enfadado.
      -S que no deb estereotiparte -aadi Christa-. Y s que tenas razn cuando dijiste que mi miedo de confiar se remontaba a perder a mis padres... Por favor,
no me odies.
      -Odiarte? Oh, Christa. Si odiara a alguien, sera a m mismo... Deba haberte dedicado ms tiempo... ms comprensin, en lugar de exigir arrogantemente que
me dieras tu confianza...
      Dej de hablar, frunci el ceo y levant la cabeza.
      -Escucha... Es el helicptero. Lo oyes?
      Con la llegada del helicptero y del equipo de rescate, las cosas sucedieron tan rpidamente que Christa lo record todo de forma borrosa. La mezcla de miedo
y alivio cuando finalmente estuvo en el aparato mezclada por los nervios de ver a Daniel an abajo, sera algo que nunca olvidara, ni tampoco la conversacin entre
Daniel y el piloto, que supuestamente no debi or, cuando finalmente estuvo a bordo y el helicptero se diriga a su base.
      -Tus instrucciones fueron precisas -dijo el piloto-. Menos mal, porque hay nubes acercndose rpidamente por la costa y si hubiramos tenido que perder tiempo
buscando, podrais haber tenido que pasar ah la noche. Tienes suerte de no haber estado ms alto. La congelacin mata a ms escaladores que las cadas. Y qu diablos
hacas al bajar ah? T perteneces a uno de los equipos de bsqueda. No necesito decirte lo peligroso que es. Toda la montaa podra haberse derrumbado. Al menos
la chica estaba razonablemente a salvo, aunque yo no me hubiera fiado mucho tiempo de esa cornisa... pero t...
      -Fue un riesgo calculado -replic Daniel.
      -Bobadas -dijo el piloto-. Slo hay dos cosas que hacen que un hombre se arriesgue de ese modo... una de ellas es que es un hombre as, al que le gustan los
riesgos y la aventura... el tipo al que le gusta jugar a ser hroe. Y luego est el otro tipo de hombre, el que nunca ha cometido una locura en toda su vida, que
conoce el riesgo pero que lo asume, por amor.
      Christa volvi a llorar en silencio.
      Daniel la amaba, y ella no debi necesitar or a otra persona decirlo. No importaba lo que sucediera entre ellos en el futuro. No importaba que Daniel, por
su gran generosidad, la perdonara por haber dudado de l... Una parte de ella nunca se perdonara, y siempre se arrepentira de no haber tenido el coraje y la fe
para haber credo en l.


      De mala gana, Christa abri los ojos, asustada hasta que se dio cuenta de que no estaba en la montaa, sino en la cama.
      A pesar de sus protestas de que estaba bien, en el hospital insistieron en hacerle pruebas antes de dejarla al cuidado de Daniel, con las instrucciones estrictas
de que debera quedarse en la cama.
      Esa bebida de leche que l le dio deba llevar algo ms aparte del cacao. Su cuerpo y su mente estaban aletargados.
      En ese momento, se abri la puerta y entr Daniel.
      -Cmo te encuentras? -le pregunt, acercndose a la cama.
      -Como si me acabara de pelear con un oso salvaje -brome dbilmente.
      En el hospital le indicaron que tena algunas quemaduras superficiales de la cada y que se curaran en poco tiempo.
      -Qu hora es, Daniel?
      -Las seis y media.
      -Las seis y media? -Christa se enderez-... Eso significa que he dormido casi veinticuatro horas seguidas.
      -Ms bien dieciocho -le inform Daniel, sin aadir que l no haba dormido nada durante ese tiempo, aterrorizado de cerrar los ojos por si ella le necesitaba.
      -Bueno, aun as es demasiado, y ya me voy a levantar. Tengo hambre -aadi cuando Daniel iba a protestar-. Anoche no cen nada... ni la noche anterior...
      Se quedaron mirando en silencio, una mirada que deca mucho ms que las palabras.
      -No quiero estar sola en el dormitorio -dijo ella-. Quiero estar contigo. Hemos estado a punto de perdernos... y no me refiero slo por mi cada
      Daniel puso su mano temblorosa sobre la de ella.
      -Nunca me perdonar por lo que pas.
      -Fue tanto mi culpa como la tuya. Ms... Ojal hubiera confiado en ti. Nunca dudar de ti, Daniel. Te lo prometo.
      Christa se inclin ligeramente hacia l, y su mirada baj de sus ojos a su boca.
      -Oh, Christa...
      Daniel la bes con infinito cuidado, como si fuera muy frgil.
      Al separarse, ella mir aorante su boca.
Cmo se le deca a un hombre que a pesar de estar llena de cortes y heridas, le deseaba tanto que estaba dispuesta a aadir unos cuantos moretones ms a su
coleccin slo por hacer el amor con l?
      No era fcil decir algo as.
      Daniel se apart de la cama.
      -Te dejar para que te vistas. Tengo que hacer un par de llamadas.
      Al abrir la puerta del dormitorio, Daniel murmur una palabrota. No le extraaba que Christa le hubiera mirado con los ojos tan perplejos y dolidos. Si se
hubiera quedado con ella un minuto ms, con o sin heridas, no habra podido controlarse y ser con ella tan suave como deba ser. Incluso besarla tan brevemente le
haba costado mucho trabajo.
      Nunca haba sido vctima de necesidades tan primarias. Pero nunca haba estado enamorado.


      Christa entr en la cocina silenciosa. Le haba costado ms tiempo ducharse y vestirse del que pens, ya que le dolieron tanto los brazos cuando termin de
lavarse y secarse el pelo, que en lugar de vestirse bien, simplemente se puso una enorme camisa suelta. Le cubra desde el cuello a las rodillas. Sus braguitas apenas
se transparentaban, pero se le marcaban los pezones. Bueno, seguro que Daniel entenda que no tena nada que ver con la provocacin, y que su cada la haba afectado
fsicamente ms de lo que ella quera admitir.
Pero dnde estaba l? Christa pas al vestbulo. La puerta del despacho estaba abierta, y dentro haba luz. Lo llam y entr, detenindose de pronto al verlo.
Daniel estaba en su silla, profundamente dormido.
      Sinti una corriente de amor y ternura. Impulsivamente se acerc, se arrodill a su lado y susurr su nombre.
      El murmur algo medio dormido, pero no se despert. La luz del fuego le iluminaba las facciones. Christa le acarici suavemente la cara. El amor la llen,
junto con una sensacin de gratitud hacia l.
      Un hombre menos tolerante y comprensivo no habra sido tan paciente con ella, tan carioso. Daniel tena una gran fuerza interna. Ella podra depender completamente
de l.
      Las lgrimas llenaron sus ojos mientras se echaba despacio hacia delante y le besaba en los labios.
      Desabroch los primeros botones de su camisa y meti la mano dentro, disfrutando del calor de su piel, del movimiento regular de su pecho.
      Con ternura, acarici su cuello con la punta de los dedos, y luego sigui con su boca. La caricia empez como un tributo por ser una persona muy especial,
pero rpidamente pas a algo ms intenso y sensual cuando el cuerpo de Christa empez a registrar su deseo por l.
      Christa se rindi a esa necesidad. Sus manos apartaron impacientes su camisa mientras se acercaba ms a l y segua besndole el cuello y los hombros.
      Se estremeci, cerr los ojos y se imagin a l tocndola, quitndole la camisa y sujetando sus pechos. Poda sentir el calor y el deseo que generaban sus
propios pensamientos ms abajo, entre sus piernas.
      Instintivamente busc alivio y se apret ms ntimamente contra Daniel. Para sujetarse le puso una mano en el muslo, pero cuando sus dedos se extendieron,
se dio cuenta de que el cuerpo de Daniel no era ajeno a ella. Haba un bulto duro bajo sus vaqueros.
      La necesidad en su cuerpo se intensific mientras resista la tentacin de acariciar todo su cuerpo.
      Sorprendida por la extensin de su propia sensualidad, no se dio cuenta de lo que estaba haciendo con la mano que haba levantado de su muslo hasta que su
propia camisa que ella haba desabrochado se abri, mostrando sus pechos duros y firmes.
      Despacio, desabroch tambin los botones de la camisa de Daniel, maravillndose de su pecho bronceado y lleno de pelo. Lo toc con suavidad. Se inclin y enterr
la cara en esa zona, respirando su olor, besndolo y subiendo hasta su cuello, hasta que sus pezones hinchados quedaron a pocos milmetros de su pecho.
      Un pequeo gemido sali de su garganta mientras suprima la necesidad de frotarse contra l. En su lugar, sigui besando su cuello, su barbilla, su boca...
sus ojos cerrados...
      Pero sus ojos no seguan cerrados.
      Avergonzada, se ruboriz al darse cuenta de lo que estaba haciendo.
      -Cundo te has despertado?-pregunt sofocada.
      -Estoy despierto? Pens que era un sueo -acarici su rostro encendido con un dedo-. No te avergences. No se me ocurre un cumplido mejor que el que me ests
dando.
      En su vergenza, Christa haba empezado a levantarse, pero las manos de Daniel en sus brazos la detuvieron, y sus muslos se cerraron a su alrededor, atrapndola.
      Christa se estremeci al ver el modo en que l la miraba detenidamente y luego fijaba su atencin en sus pechos. Entonces, inclin la cabeza hacia su cuerpo.
      Christa gimi en voz alta y se arque en total abandono cuando sus labios se cerraron sobre un pezn y empez a chupar de forma rtmica.
      Cuando Daniel se apart, ella baj la mirada por su cuerpo y vio el brillo hmedo de su propia necesidad.
      Daniel puso su boca abierta contra su estmago y su lengua empez a lamer su ombligo.
      -Te deseo, te deseo, Christa... -murmur, mientras sus manos bajaban a sus muslos.
      -No, espera... por favor... Qutate los vaqueros... -murmur ella temblorosa, ponindose ms colorada cuando l levant la cabeza y la mir, sorprendido por
sus palabras.
      -Quiero verte, Daniel.. Quiero tocarte y...
      Vacilante, llev la mano temblorosa a su entrepierna.
      -Se supone que debes descansar -protest l.
      Pero cuando se llev la mano a la cremallera, Christa vio que su mano temblaba tanto como la de ella.
      Se desnud rpidamente, sin vergenza ni vanidad, aceptando el silencioso escrutinio de Christa, con feminidad, ternura y timidez.
      -Pens que saba todo lo que haba que saber sobre ser un hombre, sobre mi sexualidad, pero el modo en que me ests mirando ahora...
      Christa vio en sus ojos su amor por ella. Eso termin con todas sus barreras.
      -Eres maravilloso, Daniel.
      -Maravilloso? Oh, Christa... Ya s por qu dicen que el amor es ciego.
      -No es ciego. Lo contrario. Para m eres maravilloso, Daniel. Por dentro y por fuera... An te amara aunque no tuvieras est fsico - le dijo con los ojos
llenos de lgrimas mientras se inclinaba y besaba suavemente el interior de su muslo.
      -Christa...
      Ella oy su advertencia y la ,ignor, y el deseo que haba intentado controlar, explosion en su interior. Y cuando Daniel la puso de pie con l y la rode
con fuerza de los brazos, besndola con pasin, Christa temblaba violentamente, por la fuerza de su necesidad por l.
      No record cuando se qued sin camisa y sin braguitas. Slo senta el placer de la boca de Daniell al tocar su piel, su cuello, sus pechos, la piel de su cintura
y estmago... y ms abajo...
      Se estremeci violentamente y vio la cabeza oscura de Daniel apretada contra su pecho, mientras sus dedos abran los pliegues de su feminidad. Sinti el calor
de su respiracin contra la parte ms ntima de su cuerpo cuando l la acarici con la lengua, y todo su cuerpo empez a temblar.
      Nunca en toda su vida haba experimentado algo tan intenso.
      Poda or a Daniel susurrando entre caricias, dicindole palabras dulces. Finalmente se levant y la llev junto al fuego, donde la tumb entre un montn de
cojines.
      -Daniel, te deseo muchsimo.
      Arque la espalda y grit de placer cuando l entr en ella finalmente.
      Nunca haba conocido placer igual ni podra haberlo. Su cuerpo se cerr posesivamente a su alrededor. Las sensaciones empezaron a aumentar en una gran explosin,
tan deliciosa y fuerte que cuando ella grit el nombre de Daniel, sus ojos se llenaron de lgrimas.
      -Mrame -le orden Daniel mientras entraba en ella, y la intimidad de su contacto visual fue incluso ms ntima que la unin fsica de sus cuerpos.
      Daniel le acarici la cara llena de lgrimas.
      -Saba que sera estupendo entre nosotros -dijo l-. Pero esto... t... Me haces sentir como si fuera inmortal.
      Apart el pelo hmedo de su cara y la bes suavemente.
      -Daniel... Esta noche quiero dormir contigo...
      -Pensabas que te iba a dejar hacer otra cosa? -Daniel le levant la mano y le bes la palma-. Si crees que me contentar tenindote separada de m de ahora
en adelante...
      La solt y le acarici suavemente el brazo, de arriba a abajo.
      -Pero hay un problema, Christa...
      Ella lo mir confundida. Qu ira a decirle? Que no la quera permanentemente en su vida?
      -El qu?
      -Eso que hablamos del sexo seguro... No lo hemos hecho, verdad?
      Christa se ruboriz.
      -Ha sido culpa ma... Te deseaba tanto...
      -No fue culpa tuya -la corrigi Daniel-. La responsabilidad era ma, pero cuando te sabore y sent tu cuerpo... lo ltimo que quera era que algo se interpusiera
entre m y esa dulce sensibilidad... Pero si hubiera consecuencias...
      -Consecuencias? -pregunt Christa insegura.
      -S -Daniel baj la mano a su estmago-. Si hubieras concebido a mi hijo, significara matrimonio. Los dos sabemos lo importante que es para un nio la seguridad,
lo mucho que necesitan saber que su padre y su madre siempre estarn a su lado.
      -Matrimonio? -balbuce Christa perplej a-. Pero...
      -Quizs deberamos tomar la precaucin de adelantarnos y casarnos de todos modos...
      -T haras eso? Casarte conmigo... por si estuviera embarazada... ?
      -Me casara contigo maana si pudiera, y hubiramos practicado el sexo seguro o no. Eso es lo que siento por ti, Christa... el modo en que te quiero... para
siempre. Pero s que es demasiado pronto para que t hagas ese tipo de compromiso. Hace dos das ni siquiera creas que pudieras confiar en m...
      Ella le haba herido con su actitud al no confiar. Le abraz con fuerza.
      Pero nunca volvera a hacerle dao. Nunca!


      Captulo 8
      ESTS despierta?
      -No -minti Christa, acurrucndose ms contra el cuerpo caliente y desnudo de Daniel.
      -Por eso no dejas de retorcerte contra m? Sabes lo que suceder, verdad?
      -No -dijo ella inocentemente-. Por qu no me lo enseas?
      Daniel le tom la palabra y empez a acari
      ciarla suavemente mientras le susurraba al odo lo que le iba a hacer.
      -Daniel, no -protest Christa cuando su cuerpo empezaba a excitarse-. Dijiste que queras madrugar esta maana, verdad?
      -S, pero eso fue antes -murmur l cerrando sus labios sobre un pezn.
      -Antes de qu?
      -Antes de que recordara que en la vida hay cosas mucho ms importantes que el trabajo. Mucho ms importantes.
      Suspirando, Christa dej de discutir con l. Despus de todo, eso era lo que ms le apeteca.
      Esos quince das haban pasado con alarmante velocidad. Acarici la espalda de Daniel y cerr los ojos de placer. En tres das ms debera marcharse y regresar
a su vida normal.
      -No puedo dejar que te marches -protest Daniel la noche anterior despus de cenar cuando estaban acurrucados en el sof frente al televisor-. Te quiero aqu
conmigo para siempre, Christa.
      -Tengo que irme. Est mi trabajo... mi casa...
      -Puedes trabajar aqu... De acuerdo, lo s. Necesitas tiempo. Quizs ests ltimas noches no deb haber tenido tanto cuidado para que no te quedaras embarazada,
y quizs...
      -Oh, Daniel, no es que no quiera estar contigo.
      -Pero no ests preparada para casarte an conmigo.
      -Es un gran paso. S que te amo... pero la vida que llevas aqu... tu trabajo -se detuvo, sin querer herirle pero necesitando ser sincera-. S lo mucho que
te importa lo que haces aqu, Daniel, pero yo no estoy segura de poder sentirme igual de comprometida.
      -No te lo estoy pidiendo. Despus de todo, t no esperas que me emocione con un nuevo diseo de telas, verdad? No quiero cambiarte, Christa. Amar a alguien
no consiste en eso.
      -Pero cuando llegu aqu, me dijiste que cambiaras mi modo de pensar -le record Christa-. Me siento diferente, Daniel, y acepto que tu creencia en lo que
haces es genuina y sincera, pero...
      -Pero parte de ti an no confa completamente en m -termin Daniel con tristeza.
      -No! No es eso. Claro que confo en ti... Cmo podra no hacerlo despus de lo que hiciste... despus del modo en que hemos estado juntos? No es en ti en
quien no confo, Daniel.... Es simplemente que no puedo....
      -No puedes olvidar el pasado. No puedes olvidar tus miedos de que yo resulte ser como el marido de tu amiga. La falta de honradez es algo que procede del interior
de la persona, y no es el producto del modo en que se ganan la vida.
      -No, pero...
Pero qu? Haba ciertos estereotipos que deban cumplirse?
      Christa fue incapaz de decir nada ms. No discutieron, pero esaa noche, la sombra de lo que se dijeron se interpuso en la cama, y aunque Daniel le hizo el
amor con su acostumbrada pasin e intensidad, ella not ciertas reservas en l, y con ello la dolorosa sensacin de prdida.
      -He de irme -le repiti en ese momento-. Tengo que volar a Pakistn el mismo da que vuelva. Tengo reuniones que no puedo cancelar... -cerr los ojos-. Oh,
Daniel, te echar mucho de menos. Quiero estar aqu contigo. Lo deseo ms que nada en el mundo...
      -Pero?
      -No tenemos que precipitar las cosas.
      -No, pero no es por eso, verdad? An no te fas de m, verdad?
      -No, no es verdad -le dijo, pero saba que no era cierto.
      Lo amaba y confiaba en l en el sentido de que l nunca le hara dao y siempre pondra por delante su seguridad emocional y fsica.
      Pero en el fondo, Christa senta cierta aprensin hacia su trabajo.
      Cuando Daniel hablaba con pasin y entusiasmo de sus planes futuros, sobre los beneficios de lo que intentaba hacer, ella vea el otro lado de la moneda, las
falsas esperanzas y los alardes de Piers, la gente a quien hizo dao.
      No era que no quisiera estar con Daniel. Lo deseaba desesperadamente, pero al mismo tiempo tena miedo de que no fuera tan maravilloso como pareca, que tuviera
un defecto oculto que destrozara su felicidad.
      An tena miedo... de comprometerse con l y de sufrir.
      -Ojal no tuviera que irme a Pakistn - dijo de forma contradictoria-. Voy a echarte mucho de menos.
      Daniel sonri suavemente y la bes, pero no sugiri que cancelara el viaje.
      -Slo sern tres semanas -dijo en su lugar.
      Tres semanas. Christa cerr los ojos. En ese momento, si l estaba separado de ella slo tres horas, lo pasaba mal.
      Cuando los dos estaban as, unidos en la intimidad de su propio mundo especial, nada ms pareca importar.
      -Amarse no significa que tengamos que pensar lo mismo sobre todos los temas -le dijo Daniel-. Somos seres humanos. Habr veces en las que opinemos de modo
diferente.
      -Slo necesito tiempo, Daniel. Todo ha pasado muy deprisa.
      Pero no se atrevi a mirarlo, y cuando l la bes, Christa sinti el dolor que le estaba causando.
      En tres das ms su curso habra finalizado y volvera a su vida normal. Antes de marcharse, Daniel le preguntara si su estancia con l haba provocado el
milagro de la transformacin que l prometi. Qu podra decirle? Que su amor por l la haba realmente transformado, pero que segua sin convencerse sobre sus
cursos?
      Con los ojos llenos de lgrimas, los cerr y le abraz con fuerza.
      La sensacin de su piel, su textura, la forma de su cuerpo, su olor, los sonidos que emita cuando le haca el amor, se haban vuelto muy familiares para ella
durante esa maravillosa semana.
      Esa familiaridad, slo haba aumentado el deseo, de modo que el simple acto de acariciarle, la excitaba.
      Cuando lo bes, le oy gemir suavemente mientras l le sujetaba los pechos suavemente y acariciaba los pezones endurecidos. Cuando Daniel se meti el pezn
en la boca, bandolo en calor hmedo, baj las manos a sus caderas y las acarici, primero por fuera y luego la parte interna y ms suave.
      El cuerpo de Christa estaba preparado para l. Sus gemidos de placer se unieron a los otros sonidos: el roce sedoso de piel contra piel, los chupetones de
la boca de Daniel, los gruidos de placer de l cuando ella le toc ntimamente, cerrando los dedos alrededor de su carne y acaricindole, no slo con deseo, sino
tambin con ternura y amor
      Ver y sentir su virilidad la fascinaba. Ese grado de intimidad era desconocido para ella.
      En ese momento, cuando Christa levant la cabeza para acariciarle con los labios, no fue slo deseo lo que la motiv, sino tambin la necesidad de demostrarle
lo mucho que significaba para ella. Saba que era la culminacin de cualquier fantasa masculina: la devocin a la fuente esencial de la virilidad de un hombre.
Pero saba que Daniel nunca sera tan insensible a lo que ella estaba haciendo. No era ese tipo de hombre. Las lgrimas llenaron los ojos de Christa. Por qu no
poda eliminar esa pequea sombra de duda? Por qu no poda aceptar el modo en que se ganaba la vida en lugar de... ?
      Cuando las lgrimas mojaron el muslo de Daniel, l la levant y le sujet la cara, mientras miraba sus ojos tristes.
      -Oh, Christa. No sabes lo tentado que estoy a hacerte imposible el marcharte de aqu. A retenerte para siempre...
      -Cmo? Embarazada y descalza?
      Intent sonrer, pero vio que no enga a Daniel.
      -No me tientes -dijo muy serio-. No me tientes.
      Una hora ms tarde, cuando Christa estaba adormilada entre sus brazos, pens que lo ms triste de todo era que parte de ella casi deseaba que l tomara esa
iniciativa y la obligara a quedarse... que tomara por ella la decisin que ella misma no poda tomar.


      Christa frunci el ceo al or a alguien llamando a su timbre. Haba vuelto a casa un par de horas antes y despus de llevarla, Daniel le dijo que tena una
reunin de negocios con el presidente de la Cmara de Comercio.
      -Pero volver lo antes que pueda -le dijo-. An tenemos que despedirnos apropiadamente...
      Christa se ruboriz un poco, preguntndose cmo cabran los dos en su pequea cama y al mismo tiempo deseando que Daniel pudiera quedarse a pasar la noche
con ella y que ella no tuviera que marcharse en su vuelo nocturno a Pakistan ese mismo da.
      -Te pondrs en contacto conmigo cuando vuelva? -le pregunt insegura.
      -Te estar esperando en tu puerta.
      Christa corri nerviosa a abrir la puerta. Pero no era Daniel, sino Paul Thompson.
      El sonri y la mir de arriba a abajo. Realmente era repugnante.
      -O que habas vuelto -dijo entrando al vestbulo sin que ella pudiera detenerle-. Tu nuevo amigo est ahora en el Ayuntamiento. Me has decepcionado, Christa.
No pensaba que fueras tan estpida para enamorarte de un hombre as. Le est contando a todo el mundo que te has retractado de tus palabras. Es bueno en la cama,
eh? Una pena. Si yo hubiera sabido lo que queras, te habra complacido.
      Paul Thompson haba dejado la puerta abierta, y de reojo, Christa vio llegar el Land Rover y a Daniel salir.
      Sinti un gran alivio que derriti la frialdad que la paraliz al escuchar los comentarios venenosos de Paul.
      -Ha dejado claro a todo el mundo que sois amantes -continu Paul con desprecio-. As que no es ningn secreto cmo consigui que cambiaras de opinin. Sabes
por qu lo hizo, verdad? Es un estupendo negocio para l, beneficios y placer. Eso es lo que yo llamo un hombre de negocios astuto... Deberas haber dudado ms
de l en lugar de ser tan estpida para confiar as -continu Paul, ajeno a la presencia de Daniel detrs de l.
      -Yo no... -empez Christa furiosa, pero se call cuando Paul sinti la presencia de Daniel detrs de l y se dio la vuelta.
      Haba disfrutado atormentndola, pero Paul no fue tan valiente cuando le vio. Lo mir boquiabierto antes de marcharse prcticamente corriendo.
      -Vino a decirme... -empez Christa.
      Pero Daniel la interrumpi cortante.
      -Lo he odo.
      Junto con el disgusto por lo que le haba dicho Paul Thompson, Christa tambin experiment una sensacin de alivio, de liberacin. Porque cuando escuch las
palabras venenosas, supo sin duda alguna que Daniel no pudo haber dicho ninguna de esas cosas.
      No tena idea de cmo saba Paul lo de su relacin con Daniel. Pero Daniel nunca, bajo ninguna circunstancia, fanfarroneara de algo as, porque no era capaz
de esa clase de comportamiento.
      Lo que haba estado a punto de decirle antes de que se marchara, era que no le crea.
      -Daniel...
      Se gir hacia l para decirle lo que haba descubierto, lo que senta, pero l la ignor.
      La mir con dureza.
      -Nada ha cambiado, verdad? An no has eliminado tus barreras. Dentro de tu corazn an quieres rechazarme. Para tu informacin, todo lo que te ha dicho son
mentiras. Le habl al presidente de nuestra... relacin, pero slo porque senta que deba explicarle por qu me retiraba de la promesa que le hice referente a hacerte
cambiar de opinin. Pero eso fue todo lo que le cont... No te preocupes, Christa. Entiendo lo importante que es tu necesidad de desconfiar en m... Mucho ms importante
que nada de lo que yo pueda darte. La confianza es bsica en una relacin. T no confas en m y nunca lo hars.
      Se gir y camin hacia la puerta abierta.
      -Daniel -protest Christa al darse cuenta de que se marchaba, de que la abandonaba.
      Pero fue demasiado tarde. Subi a su coche y arranc sin mirar atrs. Ella corri tras l, pero se qued sola en la calle, demasiado impresionada para llorar.
      Intent localizarle, llamando a todos los hoteles de la ciudad, y finalmente desesperada, a casa del presidente de la Cmara de Comercio. Pero nadie saba
dnde estaba.
      Tres horas ms tarde, muy plida y angustiada, llam a la granja desde el aeropuerto, mientras rezaba para que contestara.
      Anunciaron su vuelo.
      Intentara llamarle desde Karachi.


      Captulo 9
      CUANDO Christa lleg a Karachi, tuvo que esperar su maleta y luego una cola de veinte minutos para usar un telfono. Todo fue en vano. No contest nadie en
la granja.
      Aguantndose las lgrimas, sali para llamar a un taxi.
      El hotel era al que siempre iba cuando visitaba Karachie, pero a pesar de que confirm su reserva, no tenan habitacin.
      -Lo siento -dijo la bonita recepcionista-, pero hoy hay una gran fiesta oficial y han reservado toda la planta. Si quiere puedo llamar e intentar conseguirle
habitacin en otra parte.
      Cansada, Christa afirm con la cabeza. Media hora ms tarde la recepcionista le dijo que le haba encontrado habitacin, en un hotel del que nunca haba odo
hablar al otro lado de la ciudad.
      Cuando lleg, descubri que era mucho ms viejo que el que ella eligi, sin tantas comodidades ni telfono en su habitacin.
      Christa camin de un lado a otro por su habitacin, redactando mentalnente una carta para enviar a Daniel, cerrando los ojos angustiada al darse cuenta de
que todo lo que quera decirle deba hacerlo en persona.
      No poda culparle por su reaccin, pero ojal se hubiera detenido y la hubiera dejado explicarse y decirle que no haba credo ni una palabra de lo que le
dijo Paul.
Entonces, si al instante supo que menta, por qu no fue capaz de darle a Daniel toda su confianza cuando l se la pidi?
      Dej de caminar y se qued frente a la pared.
      Cuando perdi a sus padres y se fue a vivir con su ta abuela, ella le explic que tena un negocio y que Christa deba entender lo importante que eso era.
      Christa fue demasiado joven para ver el calor oculto bajo el fro exterior de su ta abuela, y tambin muy joven para entender lo duro que fue para una mujer
de esa edad y educacin, ocuparse de un negocio familiar en un mundo que era slo de hombres.
      Pens que su ta abuela quiso decirle que su negocio era ms importante que ella, sin entender las preocupaciones de la mujer sobre cmo iba a educar a su
sobrina hurfana y seguir ganando dinero para mantenerlas a las dos.
      En aquel tiempo, Christa vio el negocio como su rival. Y esos celos iniciales se volvieron un recuerdo vago con el paso de los aos.
      Pero al igual que la muerte de sus padres y su creencia de que ellos la abandonaron, esos celos pudieron dejar en ella una marca mayor de lo que pens.
      Daniel estaba muy comprometido con su trabajo. Crea realmente en sus beneficios y era algo en su vida que Christa no poda compartir.
Vera subconscientemente su trabajo como un rival, una amenaza a su relacin con l, algo que al final le apartara de ella... ms importante para l que
ella misma? Y seran esos celos los que hacan que rechazara su trabajo?
Estara intentando librarse de su "rival", hacindole elegir entre el trabajo y ella, y dicindose que si no la pona a ella por delante, su amor no mereca
la pena?
      Frunci el ceo. No era agradable enfrentarse a esa faceta de su personalidad.
      Ella nunca hara algo tan manipulador. No estaba en su naturaleza, al menos en su naturaleza adulta... Pero quizs su subconsciente no actuara as.
      Oh, Daniel. Ojal estuviera ah y ella pudiera explicrselo.
      De repente sinti la necesidad no slo de explicarle su malentendido, sino de discutir con l lo que haba descubierto sobre s misma.
      El alivio de descubrir por qu haba tenido tanto miedo de confiar y comprometerse, y el dolor de no tener a Daniel ah, le llenaron los ojos de lgrimas.
      Ojal pudiera cerrar los ojos y por un milagro, aparecer en Gales, en la granja, en los brazos de Daniel.


      Intent llamarle una vez ms antes de irse a la cama, pero no hubo respuesta.
      Durante la noche y debido a la poca del monzn, llovi mucho y da el sistema telefnico. Cuando Christa se despert por la maana, no pudo llamar a Daniel
ni ponerse en contacto con ninguno de sus proveedores.
      Pas el da corriendo de una cita a otra, intentando no pensar en Daniel y concentrarse en las muestras que le enseaban y en hacer bien los tratos con los
astutos comerciantes de Karachi.
      Cuando regres al hotel al final del da, tena el pelo y la ropa empapados de sudor y humedad. Pero aunque deseaba darse una ducha fresca, lo primero que
hizo fue correr al telfono.
      Pero segua sin funcionar.
Dnde estara Daniel? Qu estara haciendo? La echara de menos?
      Christa se sent en la cama y se puso a llorar.


      Pasaron los das, llenos de tristeza y angustia, a pesar de todo el trabajo que tena. El telfono se repar, pero segua sin contestar nadie en la granja.
      Christa estaba visitando fbricas, saliendo a cenar y asistiendo a algunas fiestas, pero nada de eso sirvi para animarla.
      Al fin lleg la maana de su marcha.
      Casi tema su vuelta. Mientras haba estado en Pakistn poda fingir que todo iba bien, que todo segua igual que cuando Daniel y ella abandonaron Gales.
      Pero cuando regresara, esa ficcin morira. Tendra que enfrentarse a la realidad de haber perdido el amor de Daniel.


      En el aeropuerto de Karachi hubo una confusin con los billetes y su vuelo estaba lleno. Tras ofrecerle las debidas disculpas, le dijeron a Christa que la
pondran en lista de espera y le daran el primer asiento libre.
      Dieciocho horas ms tarde, cuando finalmente subi al vuelo para Manchester, no saba si las nuseas y retortijones que senta se deban a que le haba picado
algn bicho o a la tensin nerviosa del retraso. Muy plida, rechaz la comida que le ofrecieron, y las nuseas le duraron todo el vuelo. La mujer sentada a su lado,
le sonri comprensiva.
      -S cmo se pasa. Yo estuve as los seis primeros meses con el primero. Vomitaba a todas horas... Pero al final mereci la pena.
      Christa la mir perpleja... Embarazada? Imposible... verdad?
      Esa mujer estaba equivocada.
Pero y si lo estaba? Qu hara Daniel... ? Qu dira?
      Cuando el avin aterriz, Christa estaba agotada, fsica y mentalmente.
      Mientras esperaba a pasar el control de aduanas, pens en lo que podra significar que estuviera embarazada.
      Si Daniel insista en casarse con ella por eso, ella nunca saba si lo haba hecho por obligacin o por amor, y l no sabra si dijo la verdad sobre su confianza
completa. Y el nio no nacera en una familia donde hubiera sinceridad y armona.
      Al salir de la aduana, decidi que no le dira nada a Daniel.
      Perdida en sus pensamientos, no vio la figura que esperaba en una de las salidas hasta que la tuvo delante.
      Daniel! -lo mir perpleja.
      El pareca muy cansado, con los ojos rojos y ojeras.
      -Menos mal que ests bien -le dijo quitndole la maleta y sujetndola del brazo-. He intentado llamarte, pero en el hotel no te tenan registrada, y luego
no llegaste en el vuelo...
      -Hubo un problema con mi reserva -dijo Christa medio atontada.
      Daniel estaba ah. Haba ido a buscarla.
      -Yo tambin intent llamarte, pero no estabas en la granja.
      -No. He estado en la granja de Dai. Le dio un coma etlico la noche que te marchaste, y he estado cuidndole... Christa...
      -Daniel...
      Los dos se pararon y se miraron.
      -Daniel -dijo Christa temblorosa.
      Su corazn estaba lleno de alegra al saber que l segua querindola, que estaba all, que...
      -No -le interrumpi l suavemente-. Djame hablar primero, por favor... Te amo, y si me hace menos hombre admitir que te necesito ms que a mi orgullo, que
as sea. No voy a fingir que tu confianza no es...
      -Daniel, no... Confo en ti. Me di cuenta cuando estaba escuchando a Paul decir toda esa basura sobre que t habas presumido de llevarme a la cama para convencerme.
Me result obvio al instante que eso no poda ser cierto. Se lo iba a decir cuando t apareciste. Es ridculo, verdad? He tenido que escuchar a alguien como Paul
para darme cuenta de la verdad. Tena celos de tu trabajo, de tu entusiasmo. Tema que de algn modo se interpusiera entre nosotros.
      -Nada podra interponerse -dijo Daniel con firmeza-. Eres mi vida, Christa... Mi amor... mi alma...
      Mientras le escuchaba, Christa sinti que se le derretan los huesos.
      -No me mires as -le dijo Daniel con voz ronca-, no en pblico. Sabes lo que ha sido no saber dnde estabas? He pasado las ltimas dieciocho horas comprobando
las listas de pasajeros de todos los vuelos desde Pakistn.
      -Hubo un lo en el aeropuerto y tuve que esperar otro vuelo... Oh, Daniel...
      Mientras se miraban, alguien se choc con Daniel, se disculp y se march.
      El golpe haba hecho caer algunos papeles del bolsillo de la americana de Daniel. Cuando se inclin para recogerlos, uno se separ de los dems. Era una carta.
Christa vio que estaba dirigida a una de las universidades ms prestigiosas del pas.
      Antes de que Daniel pudiera detenerla, la recogi y la ley rpidamente. Se puso plida.
      -Has solicitado un puesto de profesor - dijo perpleja-. Por qu?
      -Porque t significas para m ms que el centro, y me di cuenta de que eso siempre se interpondra entre nosotros y que siempre tendras miedos y dudas mientras
existiera.
      -No, Daniel, no. No debes hacerlo -dijo ella con vehemencia, sintindose muy egosta.
      Pero vio que no le convenci, as que respir profundamente antes de continuar.
      -No debes hacerlo. No es justo. Un beb... un nio necesita aire libre y libertad... no estar enclaustrado en la atmsfera de una universidad. Necesitar un
padre a su lado, y no uno que est ocupado dando clases y asistiendo a seminarios.
      -Un beb... -Daniel se puso muy plido-. Ests segura?
      -No -admiti Christa-. Pero antes o despus, habr un beb, Daniel... nuestro hijo. Verdad?
      -S... s, s, s.... Oh, Christa, qu diablos hacemos aqu?, vamos a casa...
      Dos horas ms tarde, acurrucada a su lado en su tico, con todas las muestras de su viaje extendidas por el suelo, Christa suspir feliz.
      -Nunca me has preguntado qu dije exactamente al presidente de la Cmara de Comercio -le record Daniel.
      -No es importante.
      -Mmm, quizs no, pero para que conste, le dije que debido a la relacin personal que haba surgido entre nosotros, quera declarar que mi desafo quedaba anulado.
Era lo ms honrado.
      -Como casarte conmigo porque a lo mejor llevo a tu hijo? -se burl Christa cariosamente.
      -No, nada de eso. Eso no es nada honroso, dado que, si soy sincero, he rezado en secreto para que te quedaras embarazada.
      -Y si no lo estoy?
      -Bueno, en ese caso, tendremos que esforzarnos ms, no crees, mi amor?
      La respuesta de Christa no necesit palabras, pero fue rotundamente clara.

      Penny Jordan - Aprender a confiar (Harlequn by Mariquia)
